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Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA! romance Capítulo 46

—¿Génesis? ¿Eres Génesis Wood? —cuestionó; seguía muda de la impresión. Él no podía ser un simple maestro de música; tenía que hacer algo más para tener ese cuerpo en forma. Venía con una simple playera gris y jeans azules. Su piel bronceada resaltaba sus hermosos ojos celestes; podía perderme en su mirada y ahogarme en sus ojos.

— ¡Eh!… este… ¡Digo sí! ¡Sí soy Génesis! —Al fin mi cerebro había hecho conexión con mi boca. Se acercó, me saludó con un beso en la mejilla, dejó su guitarra a un lado y se sentó frente a mí. Aún no creía que él fuera Felipe. Pero era él; traía una guitarra en su espalda; esa era la característica que me indicó en los mensajes.

—Perdona si te decepcionó —mencionó.

—¿Decepcionarme? para nada —estaría muy loca para decepcionarse de alguien como él—. No sé, es que… ¡Olvídalo! Iniciemos de nuevo —extendí mi mano—. Mucho gusto, Mrs. Domisol, soy osito de goma —tomó mi mano y besó su dorso.

—Hola, hermosa. —Me sonrojé al instante—. Eres más bella de lo que había visto en las fotos y revistas.

—Creo que exageras, soy una mujer normal como todas, no… con unos kilos de más.

—Por favor, si eres perfecta. Tú representas a la verdadera mujer, no aquellas con medidas perfectas y huecas de la cabeza… Además, yo vine en busca de esta mujer que tengo en frente y no me iré de aquí sin conocerla lo suficiente…

—Un día no te será suficiente para conocerme…

—Es por eso que estaré varios días en la ciudad…

—¿En serio?

—Muy en serio —dijo con voz seductora, al mismo tiempo que me daba un guiño. Hicimos nuestro pedido de comida, mientras hablábamos sobre nuestras vidas; era increíble que en pocos minutos ambos nos expresáramos con tanta confianza, como si nos conociéramos de años. Tal y como sucedía en el teléfono, podíamos hablar de docenas de cosas y no aburrirnos.

—Me contaste que tuviste clases de piano.

—Así es, de pequeña mis padres decidieron que debía estudiar música. Bueno, es algo que al principio no me pareció una buena idea, pero después me encantó. No soy una experta, ya que nunca más lo llegué a practicar.

—Lo que de verdad se aprende nunca se olvida, así que decidí que me acompañaras a un estudio musical que está aquí cerca; es de un amigo y me lo ha prestado.

—¿Esto es una broma? ¿Verdad? —esto me parecía una locura.

—No, no lo es. ¡Vamos a relajarnos un poco! Y la música es lo ideal. —Extendió su mano y la tomé. Salimos de aquel lugar y me llevó hacia su auto. Era un vehículo muy modesto, color azul. Abrió la puerta como todo un caballero e ingresé. Le envié un mensaje a Leyla, notificando que estaba bien y que nos veríamos en la noche para contarle todo y con detalle.

Media hora después llegamos a un pequeño estudio de música; bueno, en realidad era como una escuela.

—¿Estás seguro de esto? — pregunté

—Deja de preocuparte, pasaremos un rato muy agradable, confía en mí. —Sacó unas llaves y abrió la puerta. —Estaremos solos, espero no te importe.

—No… para nada, solo espero que no seas un asesino o violador —me burlé, pero en el interior esperaba que no fuera así.

—Deja de preocuparte, no soy nada de eso. —Subimos por los escalones hasta llegar a la segunda planta. El lugar tenía un ambiente muy agradable, pinturas musicales en las paredes, varios instrumentos en un solo salón.

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