Génesis
Regrese a la casa y lo primero que hice fue darme una larga ducha. Nada se comparaba a La Paz que el agua caliente provocaba mientras caía sobre todo mi cuerpo.
Me cambie y verifique otra vez mi teléfono, tenía varios mensajes de Leyla, Will y por último de Mr. Domisol, había pasado tanto en las últimas horas que olvidé por completo que tenía una conversación con él.
“Hola, de nuevo”
Quedé en espera que respondiera, pero al parecer esta vez era él quien estaba ocupado. Era una lástima porque de verdad, una plática con él me hubiera ayudado en estos momentos.
Fui a mi habitación y busqué una cajetilla de cigarros que tenía guardada, decidí hacerlo fuera, detrás de mi casa, ya que no quería que descubrieran que no había sido capaz de dejar de fumar, bueno solo lo utilizaba cuando estaba ansiosa o con estrés.
Salí de mi casa y me fui detrás de la casa, donde nadie me podía ver.
Estuve por unos buenos minutos con el cigarrillo en mi boca, mientras miraba hacia la luna, la única testigo de lo que estaba haciendo. Se supone que lo tenía prohibido desde mi accidente, pero la verdad no había nada para calmar mi ansiedad. Di la última calada y lancé la colilla en el suelo.
Decidí regresar a mi habitación y ver si Mr. Domisol, se había dignado en responder. Todo estaba muy oscuro por este lado, por la poca iluminación. Antes de llegar al frente de la casa, vi una sombra pasar, lo que provocó que detuviera mis pasos.
Se supone que nadie tenía que estar por estos lados, ni siquiera los sirvientes de la casa de mis padres, además ya era demasiado tarde para que alguien estuviera caminando. Lo que me motivaba a pensar que podía ser un ladrón.
Caminé de manera cautelosa, no tenía nada para defenderme, solo mis manos y mis pies y no importaba de quién se tratase, no iba a intimidarme.
Seguí caminando y cuando creí que todo había sido una fantasía mía, la sombra de un desconocido se apareció frente a mi. No esperé ni un segundo, lance mi puño directo a la cara.
—¿Pero que m…? — ¡Esa voz! el susodicho que quejaba y maldecía con groserías
—¿Ethan?
—¿Génesis? —levantó la vista y me miró con enojo—. ¿Qué traes conmigo que cada vez que nos encontramos siempre tienes que hacer algo en contra mía?
—¡Eres un imbécil por aparecer delante de mí de esa manera! ¿Estás loco? … bueno para estar con mi hermana si tienes que estar muy loco.
—¡Maldita sea! ¿me rompiste la nariz o qué? Estoy sangrando —camino unos pasos hasta llegar a un lugar donde había luz y entonces vi que su mano estaba manchada de sangre. Creo que me había pasado de fuerza
—¡Tu tienes la culpa! ¡No debiste aparecer de esa manera!
—¿Vas a ayudar o te quedas parada sin hacer nada? — Vociferó. Yo no tenía por qué ayudarlo, no era mi culpa. Pero odiaba ser tan buena persona a veces, cuando no se lo merecían.
—¿Qué quieres que haga? —reproche. Él se quitó su camisa como pudo y se la puso en la nariz
— ¿Al menos tienes un botiquín en tu casa? —Solo asentí, ya que estaba anonadada con su cuerpo.
—¡Si… sígueme! —. Caminamos hacia la casa, bueno el intento caminar.
Por medio de indicaciones lo llevé hasta mi baño y dejé que él se limpiara, ni loca entraba al mismo lugar que él. Escuché el grifo del agua encenderse. Fui a la cocina por el algodón y alcohol que tenía en uno de los cajones. Toqué la puerta del baño.
— ¡Por Dios! Esta es tu casa, no tienes por qué tocar —es que este hombre no tenía modales o que, todo lo decía de mala manera.
—Es mi casa, pero eso no significa que no soy respetuosa —Le alcancé lo que llevaba en las manos. No sé si eran ideas mías o en ese pequeño cuarto de baño se estaba volviendo una sauna, es cierto que el tipo me caía mal, pero no era ciega, ahora entendía por qué mi hermana quería amarrarlo, si con un hombre así, no estaría dispuesta compartirlo con alguien más.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA!