¿Cumpliendo un encargo?
¿Acaso se refería a Felipe?
Lara detuvo el bolígrafo.
Durante el último año, había visto con sus propios ojos cómo Felipe se desgastaba buscando doctores y tratamientos para ella, sin resultados.
Hasta que, hace seis meses, cambió al doctor Zúñiga, y su audición empezó a mejorar lentamente...
Pero, por alguna razón, Lara sentía que algo no cuadraba.
¿Felipe y el doctor Zúñiga se llevaban tan bien?
¿Entonces por qué cada vez que ella venía a sus chequeos, el doctor Zúñiga no le mostraba la más mínima simpatía a Felipe?
Levantó la vista hacia Fabián, con una clara duda en la mirada.
Sin embargo, Fabián no continuó con el tema.
—Bueno, no te molesto más, descansa y recupérate pronto.
—Gracias, doctor Zúñiga —articuló Lara sin voz.
La puerta se cerró.
La habitación volvió a quedar en silencio.
De pronto, el teléfono junto a la almohada vibró un par de veces.
Lara lo tomó y le echó un vistazo. La mayoría de los mensajes eran de su madre; básicamente le preguntaba si ya había comprado el boleto de avión y cuándo volvería a Puerto Coral...
Se fijó en la hora: los primeros mensajes eran de las tres de la madrugada y el último a las siete de la mañana.
Tecleó una respuesta:
*Mamá, surgió un problema de último momento. Regresaré en un par de días.*
Apenas lo envió, el teléfono volvió a vibrar.
El último mensaje era un WhatsApp de Felipe:
*Lara, ¿te lastimaste mucho anoche? Iré a verte en un rato, ¿qué quieres comer? Te lo llevo.*
Lara miró esa línea de texto, y una sonrisa fría se dibujó en sus labios.
Abrió el chat, bajó la vista y escribió:
*Felipe, terminamos.*
Lo envió, y de inmediato bloqueó y borró el número. Todo en un solo movimiento fluido.
Dejó el teléfono boca abajo sobre la sábana, cerró los ojos y su rostro adoptó una calma absoluta, como si nada hubiera pasado.
...

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