*¡Zas!*
El sonido fue tan fuerte.
Tan fuerte que Teresa sintió que sus propios tímpanos zumbaban.
Vicente, con la cara de lado, no se movió durante un buen rato.
Vicente era el niño mimado del destino. Ni siquiera su abuelo, en vida, un hombre tan estricto, le había puesto un dedo encima.
Pero ahora, Teresa lo había abofeteado.
Vicente creyó saborear el intenso gusto a sangre en su boca.
Tenía una mirada muy oscura.
Teresa retrocedió rápidamente dos pasos.
—Tú te lo buscaste.
Los ojos fríos de Vicente temblaron levemente, y se pasó la lengua por el interior de la mejilla.
—Teresa, jugar a hacerte la difícil una vez está bien. Dos veces ya es molesto.
—No estoy bromeando, y mucho menos haciéndome la difícil —dijo Teresa con firmeza—. Quiero divorciarme de ti. Vicente, ¿me oyes bien? ¡Quiero el divorcio!
Vicente se limitó a lanzarle una mirada de desdén.
Sus dedos se posaron en el hombro de Teresa, apartándole el largo cabello del pecho y colocándoselo detrás de la oreja.
La voz de Vicente era grave.
Ronca.
Cargada de sarcasmo.
—Teresa, si no fuera porque Salomé se compadeció de ti y te regaló veinte mil pesos, me temo que ni para comer tendrías. Lejos de la familia Duarte, ¿qué te queda para defenderte?
Teresa se sintió completamente débil.
Su corazón parecía haberse desgarrado, sangrando profusamente.
Cinco años.
Cinco años enteros.
Cuidó de su hija, la acompañó a todas sus clases extraescolares.
Cuidó de los mayores, llevando a la niña a visitar a la abuela al menos tres veces por semana.
Las tres comidas de Elvi, las tres comidas de Vicente, las preparaba ella misma. Incluso, para cuidarlos mejor, estudió cocina y obtuvo un certificado de nutricionista.
Recordaba perfectamente los cumpleaños de las esposas y los hijos de cada uno de los socios de Vicente.
Y antes de cada cumpleaños.
Se encargaba de preparar un regalo adecuado.
Pero todo eso, Vicente nunca lo había valorado. Incluso la consideraba una mantenida.
Teresa sintió ganas de reír.
Reírse de sus cinco años, verdaderamente echados a los perros.
Teresa respiró hondo.

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