El cuchillo se hundió.
Y se retorció en todas direcciones.
El dolor era tan intenso que Teresa sentía que le partía el alma, un sufrimiento insoportable.
Justo en ese momento.
La abuela regresó, acompañada del médico de la familia.
Al ver a Luna, la sonrisa de la anciana se desvaneció al instante.
—Tere, ya llegó el doctor. Ven a que te pongan la inyección.
Vicente frunció el ceño.
Su mirada se posó en el rostro de Teresa.
—¿Mamá está enferma? —preguntó Elvi.
—Para venir a ver a la bisabuela, un perro muy malo mordió a mamá —dijo la abuela exagerando—. Elvi, ven rápido a abrazar a tu mamá.
Elvi se sintió un poco culpable.
Pero replicó con voz chillona.
—Los perritos son los mejores amigos del hombre. Seguro que mamá lo molestó. Mamá no tiene corazón, no le gustan los gatitos ni los perritos, y tampoco me deja que a mí me gusten. Eso me pone muy triste.
—¿A Elvi le gustan los gatitos y los perritos? —Luna le acarició la carita—. ¿Qué te parece si te regalo un gatito?
—No se puede —intervino Teresa—. Elvi es alérgica al pelo de gato y de perro.
El rostro de Elvi se ensombreció al instante.
—Señorita Peralta —dijo Luna sonriendo y pellizcándole la oreja a Elvi—, parece que no sabe que existe una raza de gatos llamada Sphynx, o gato sin pelo. Este gato no tiene ni un solo pelo en todo el cuerpo, es perfecto para los amantes de los gatos que son alérgicos a su pelaje.
Los ojos de Elvi se iluminaron de repente.
—Luna es la que mejor me trata.
Dicho esto.
Le hizo un puchero a Teresa.
—¡A mamá no le importo, no es una buena mamá!
Teresa sonrió.
De acuerdo.
No era una buena madre.

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