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No me Llames Señora Cáceres, Llámame Hera romance Capítulo 7

A Melissa le temblaban las manos; no se atrevía a entrar.

Buscó al médico tratante para entender la situación, y así se enteró de que hacía un mes le habían diagnosticado cáncer de pulmón en fase terminal a su abuela.

Su abuelo había vendido la casa donde planeaban pasar su retiro para costear un tratamiento especial que valía miles. Sin embargo, los gastos médicos seguían siendo un pozo sin fondo. Su abuela había decidido no decirle nada a su familia, resignada a esperar la muerte.

Melissa solo sintió una profunda oleada de culpa.

Había estado tan obsesionada girando en torno a Esteban, que ni siquiera sabía que un miembro de su familia estaba gravemente enfermo en cama.

Cuando su madre falleció, la familia Tejada la rechazó. Fueron sus abuelos maternos quienes, soportando la presión y hasta el riesgo de cortar lazos con su propio hijo, se la llevaron a casa y la criaron.

Desde entonces, Melissa decidió que su única familia eran sus abuelos y Esteban.

—El caso de su abuela es muy complicado. Debido a su avanzada edad, iniciaremos con un tratamiento de medicamentos suaves durante tres meses, para luego operarla. El cirujano con mayor tasa de éxito en este campo es el doctor Bastián Vargas. Yo mismo me puse en contacto con él, pero ya no realiza cirugías y declinó la solicitud.

Bastián Vargas. Creció en un orfanato, era un genio de la medicina, de carácter solitario, y su único vínculo personal era con Fernando Cáceres, el padre de Esteban.

Era el mismo hombre que más se opuso a que Esteban se casara con Melissa.

En sus cuatro años de matrimonio, ella casi no había visto a Fernando.

—Yo me encargaré de hablar con el doctor Vargas —dijo ella, anotando su número en un papel—. Si hay algún cambio con mi abuela, por favor llámeme. En cuanto a los gastos médicos... dígales que hubo un descuento en los medicamentos. Yo cubriré la diferencia. Y por favor, no les diga que estuve aquí.

Melissa salió de la oficina del médico. Abriéndose paso entre la multitud de los pasillos, divisó a lo lejos una silueta imponente.

Esteban sostenía de la mano a Andrés, que ya parecía estar más tranquilo, esperando frente al ascensor. Vestía una camisa blanca y pantalones oscuros; sus hombros lucían rectos y firmes, irradiando esa madurez y elegancia exclusivas de un hombre poderoso. Su mera presencia parecía crear una barrera invisible contra el bullicio del hospital.

Cuando miró a los dos que lo acompañaban, la dureza de sus ojos se desvaneció por completo, dejando solo una calma y calidez absolutas. Sostenía la muñeca del niño con delicadeza, en un gesto tan comedido como protector.

Capítulo 7 1

Capítulo 7 2

Capítulo 7 3

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