Entrar Via

No me Llames Señora Cáceres, Llámame Hera romance Capítulo 8

Ella se acercó y le dijo:

—Espera.

Esteban, que iba dos pasos por delante, se dio la vuelta.

—¿Te arrepentiste?

—Me acosté contigo durante cuatro años. Tienes que darme algo a cambio —respondió ella, imitando su tono sereno.

Pero esa tranquilidad era difícil de fingir; cuatro años de recuerdos se clavaban en su pecho como miles de agujas punzantes.

Tomó una respiración profunda y continuó:

—Haz que Bastián Vargas opere a mi abuela.

Él la miró fijamente, inmutable.

—¿Estás usando el divorcio a cambio de esto?

—Sí. Hasta que el doctor Vargas acceda a hacer la cirugía, no firmaré el divorcio.

—Melissa, ¿crees que mi padre jamás llamaría a Bastián, y por eso me chantajeas para no divorciarnos? Sabes muy bien que desde que me casé contigo, mi relación con mi padre es la de dos enemigos.

—Lo sé. Por eso llamarás a tu abuela y le pedirás ayuda. Ella te adora; no te negará el favor.

Pronunció cada palabra con claridad absoluta, sin un gramo de emoción, muy lejos de esa voz dulce y melosa con la que solía aferrarse a él.

Esteban la observó en silencio durante un momento y luego hizo la llamada.

Cuando respondieron, se escuchó la voz suave y amable de una anciana.

—Esteban, qué milagro que llamas. Tu abuelo y yo estamos armando bloques con el nieto de la familia Zúñiga. Los niños son adorables. ¿Cuándo piensan tener uno Meli y tú?

La abuela nunca pasaba de la tercera frase sin mencionar el tema de los hijos, algo a lo que Melissa y Esteban ya estaban acostumbrados.

Antes, Melissa lo miraba con una expectativa disimulada, y él solo respondía con frialdad que no había prisa.

Pero ahora, fingió no escuchar nada, esperando a que Esteban respondiera.

—Lo de los hijos llegará a su tiempo, cuando deba ser —dijo el hombre en tono neutro—. Hoy la llamo por otra cosa. La abuela de Meli está enferma y necesitamos al doctor Vargas para una cirugía, pero él ya se negó.

—Yo me encargaré de hablar con él. Vengan tú y Meli a cenar esta noche —Al hablar de nuevo, su tono se había vuelto severo—. ¿Escuché el rumor de que Meli y tú van a divorciarse? No puede ser cierto. Te lo advierto, al menos ahora mismo es imposible. Hay demasiada gente pendiente de ti, no busques más problemas.

Las palabras de la anciana hicieron que el corazón de Melissa diera un vuelco.

Si la abuela se enteraba en ese momento de que pensaban divorciarse, ¿aún estaría dispuesta a convencer a Bastián Vargas? ¿Qué pasaría con su abuela?

Sin embargo, el taxi que tomó no la llevó al ensayo, sino a una pequeña clínica privada.

Allí le entregó al médico dos muestras de cabello con folículos: una que había tomado de la habitación de Esteban y otra que había recogido del suelo cuando Andrés tuvo su crisis y se retorció en el piso.

Los Cáceres eran muy poderosos. Sabía que no podía revelar públicamente la infidelidad de Esteban; eso sería un suicidio. Pero tener una prueba contundente bajo la manga nunca estaba de más en caso de necesitarla como amenaza.

—Te avisaremos en cinco a siete días hábiles.

Tras firmar, salió de inmediato de la clínica.

No se imaginaba que, en cuanto se fue, el médico no envió las muestras al laboratorio. En cambio, miró las bolsas y marcó un número.

—Melissa acaba de traer dos muestras de ADN para analizar... Entendido.

Luego, Melissa fue al departamento de Antonella. Allí había dejado todas las cosas que sacó de la casa de Esteban.

Antonella era esa "mala influencia" sin futuro que Esteban siempre mencionaba.

Pero, en realidad, se habían conocido compitiendo.

A los doce años, Melissa participó en el Concurso Internacional de Robótica Inteligente y ganó el primer lugar usando el nombre de Hera. Antonella quedó en segundo lugar.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: No me Llames Señora Cáceres, Llámame Hera