Nanette recuperó la compostura.
—¿Por qué dices eso?
—Yo... no debí mencionar al señor Cortés.
—Claro que puedes. Después de todo, él es el verdadero dueño de esta empresa.
—Pero...
Nanette cerró los ojos, con el rostro en calma.
—Iris, estoy bien.
Iris asintió en silencio y arrancó el auto.
Poco antes de llegar a su destino, el director Quintín llamó a Nanette.
—Oye, hace un momento me llamó Lorenzo Chaves. Se portó tan amable como si fuéramos amigos de toda la vida, y me dijo que me envidiaba por tener a una ahijada tan excepcional.
Quintín soltó un par de risitas.
—Hija, ¿qué le dijiste? Tengo la impresión de que ahora me tiene muchísimo respeto.
Nanette soltó una carcajada suave.
—Qué maravilla, ¿no? Así no volverá a darte problemas en el futuro.
Quintín suspiró con nostalgia.
—Siempre estoy pensando en cómo ayudarte, y al final eres tú la que me defiende.
—Padrino, somos familia. Ya sabes que tu ahijada es como una leona cuando se trata de los suyos. Es normal que cuide de ti.
***
—Disculpe, ¿tiene cita?
Ante la pregunta de la recepcionista de Automotriz Zenith, Nanette sonrió levemente.
—No, no tengo.
La chica la miró de arriba abajo.
—Lo lamento mucho, pero sin cita no puede pasar.
Nanette bajó un poco su tono y le pidió con amabilidad:
—¿Sería tan amable de llamar al gerente Rodrigo? Me gustaría hablar con él sobre una posible alianza.

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