El gerente Rodrigo arremetió contra la recepcionista:
—¡Qué inútil eres! ¿Cómo dejas entrar a cualquier don nadie? ¡Para qué te pago!
La chica fulminó a Nanette con la mirada.
—¡Lárguense ya! ¡Por su culpa me están regañando!
Dicho esto, se acercó de inmediato y le dio un empujón a Nanette.
—¡Váyanse! ¡Qué fastidio!
El golpe hizo que Nanette perdiera el equilibrio.
Pero Iris logró sostenerla por detrás, furiosa.
—¡Oye, ¿por qué la empujas?!
—¡Porque se lo buscaron por no querer largarse de aquí!
—¡Tú...!
Nanette detuvo a Iris.
—Gerente Rodrigo, siento mucho las molestias. Lo dejo continuar con su trabajo. Volveré en otra ocasión.
El hombre ni siquiera la miró.
—Váyase, váyase ya. —La echó como si estuviera espantando a un perro callejero.
Nanette no dejó que eso la afectara y se dio la vuelta.
Esa pequeña humillación no era nada; cuando ella y Venancio Lenso andaban buscando inversionistas, habían soportado desplantes mucho peores.
Apenas había dado unos cuantos pasos cuando, de repente, una voz sonó desde un costado.
—Señorita Larco, un momento, por favor.
Ella se detuvo y miró en esa dirección.
Era un hombre desconocido que se acercaba.
A simple vista, no parecía llegar a los treinta años.
El sujeto se detuvo frente a ella con suma cortesía.
—Señorita Larco, el presidente la solicita.
¿El presidente?
Nanette se quedó confundida.
El gerente Rodrigo acababa de decir que el nuevo líder de la empresa llegaría pronto.
¿De qué presidente hablaba?
¿Y cómo era que sabían su apellido?
—Señorita Larco, el presidente la está esperando. Por favor, acompáñeme arriba.
Nanette no lo pensó dos veces.
—De acuerdo. Guíeme, por favor.
—Ah, por cierto. —El hombre lanzó una mirada de hielo al gerente Rodrigo y a la recepcionista—. Ustedes dos están despedidos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó