¿Acaso estaba abogando por él de una forma tan retorcida?
—El gerente Rodrigo será el mejor testigo de nuestro éxito.
Adrián fijó sus ojos en la mirada vivaz de Nanette y sus labios, que habían estado tensos, se relajaron sutilmente.
—Si la señorita Larco lo pide de esa manera, ¿cómo podría yo negarme?
—Sin embargo... —El semblante de Nanette se volvió frío—, la chica de la recepción sí tiene que irse.
—Al parecer, es cierto que es usted muy rencorosa.
—Atreverse a empujar a una mujer embarazada habla de su falta de moral. Una empresa del calibre de Automotriz Zenith no puede permitirse empleados de esa calaña.
—Tiene toda la razón.
***
Al salir de la oficina, Iris se le acercó de inmediato.
—¡Vicepresidenta Larco! ¿Qué pasó? ¡Cuénteme!
Nanette le pellizcó suavemente la mejilla.
—Iris, ¿crees que Nube Alta llegue a convertirse en el líder absoluto de este sector algún día?
Iris asintió con entusiasmo.
—¡Claro que sí!
—¿Por qué?
—¡Porque la tenemos a usted!
—No, porque nos tenemos.
El corazón de Iris se derritió.
—Vicepresidenta, ha sido un día agotador. Suba al auto, la llevaré a casa.
—De acuerdo.
Pero apenas se subieron, el teléfono de Nanette comenzó a sonar.
Aunque ya lo había borrado de sus contactos, lo reconoció al instante.
Era de Eloísa.
Como si se tratara de la publicidad más fastidiosa, le cortó la llamada.
Eloísa insistió una segunda vez, pero corrió con la misma suerte.
Acto seguido, le llegó un mensaje de texto:
[Ven a Colinas de Monteverde. Tengo que hablar contigo.]
Los dedos de Nanette volaron sobre la pantalla para enviar una sola palabra:
[Piérdete.]
Guardó el celular y exclamó:
—Iris, hoy amanecí de muy buen humor. Te invito a cenar.
Iris brincó de alegría.
—¡Qué emoción! Lástima que Gael se tomó el día libre, si no, le hubiéramos dicho que nos acompañara.
Nanette sonrió divertida.

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