El auto se quedó en completo silencio.
Iris estaba tan asustada que ni siquiera se atrevía a decir una palabra.
Era la primera vez que veía a Nanette tan furiosa.
Los sollozos de Tina ayudaron a que las emociones de Nanette se estabilizaran poco a poco.
Atrajo a Tina hacia su abrazo.
—Lo siento, no debí gritarte.
Tina lloriqueó.
—Fui yo quien se equivocó, la tía tenía razón al regañarme.
—Sé que lo hacías por mi bien, pero Tina, el tío Noel no me pertenece. Por muy buena que sea una cosa, o por mucho que nos guste, no podemos robársela a alguien más, porque no es nuestra. ¿Lo entiendes?
Tina asintió repetidamente.
—Lo entiendo, el tío le pertenece a la tía Jovita.
A Nanette se le hizo un nudo en la garganta.
—¡Así es! Él es de la tía Jovita.
Tina se quedó callada un rato.
—Si tan solo el tío te hubiera conocido a ti antes que a la tía Jovita... habrían podido estar juntos.
Nanette acarició la cabecita de la niña y optó por el silencio.
¿Cómo explicarle a esa pequeña que, a veces, el amor también es una víctima de los intereses?
Incluso si Noel la hubiera conocido a ella primero, igual no habrían podido llegar hasta el final.
Por la enorme diferencia de estatus, dinero y poder.
—Gael.
Gael, apoyado en el respaldo del asiento, respondió con pereza:
—¿Mm?
—Siento mucho la forma en que te hablé, te ofrezco una disculpa.
Gael:
—Es ley de vida que una hermana mayor regañe a su hermanito. Si aún no te sientes mejor, hasta dejo que me golpees. Solo no me des en la cara, si me arruinas esta preciosidad, saldría perdiendo.
Nanette soltó una carcajada ante su comentario.
—Tenerte como hermano es una gran bendición.
Gael:
—Aunque esos quinientos mil pesos, se los devolveré a él.
Hablando de eso, Nanette se enojó un poco de verdad.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó