Nanette rompió el silencio incómodo.
—Basta, yo le devolveré los quinientos mil pesos al Sr. Cortés, tú tampoco tienes que devolvérmelos a mí. Ese dinero no fue para ti, fue para el orfanato, no tienes por qué pagarlo.
Naturalmente, Gael se negó.
—De ninguna manera, yo...
—Gael.
Iba a tener que ponerse firme.
—Si me sigues considerando tu hermana mayor, no vuelvas a mencionar el dinero. Si decides pagarlo, entonces nuestra relación termina aquí, decide tú.
Gael rio por lo bajo.
—Hasta un idiota sabría qué elegir.
Nanette:
—Qué bueno, entonces cierra la boca.
—A la orden. —Gael arqueó una ceja hacia Iris—. ¿Ves? Tengo a una hermana millonaria.
Para Iris, que tenía una familia donde no la querían y solo la explotaban para mantener a su hermano, este momento despertó un poco de envidia en su interior.
Una pizca de tristeza se reflejó inevitablemente en su rostro.
Gael le echó un vistazo.
—De ahora en adelante cuida bien de tus ahorros. Guárdalos para ti misma en el futuro. No andes jugando a ser la buena samaritana, ¿entendido?
Iris asintió dócilmente.
—Entendido.
Nanette no soportó más la actitud de Gael.
—Iris, la próxima vez que Gael te hable de esa manera, regrésale el insulto sin ninguna consideración.
Iris:
—No importa, sé que no lo hace con mala intención. Él habla rudo, pero tiene un gran corazón.
Nanette:
—...
Vaya.
Sus palabras salían sobrando.
Iris recordó algo.
—Vicepresidenta Larco, ¿de verdad va a asistir al banquete pasado mañana?
Nanette:
—Sí.
Especialmente porque no se trataba de una simple invitación.
Si no iba, Joaquín Cortés no se quedaría tranquilo.
Iris preguntó:
—¿Quiere que la acompañe?
Nanette sonrió con ternura.
—¿Tienes miedo de que me maltraten?
Iris:
—Sí.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó