—¿Significa que ya te pusiste del lado de Alonso por completo? —El tono de Marcelo se volvió glacial de inmediato.
Desde que se enteró de que Alonso seguía vivo, no había tenido un solo momento de paz.
Y ahora, para colmo, Estrella estaba con él.
Marcelo conocía a Alonso. Sabía perfectamente a qué niveles de descaro podía llegar cuando se lo proponía.
Que Estrella estuviera a su lado...
Definitivamente no eran buenas noticias para Marcelo.
—¡Marcelo! —exclamó Estrella.
—Siempre supiste que no estaba muerto —la interrumpió Marcelo de golpe. La voz del hombre dejaba entrever un esfuerzo titánico por contenerse.
Antes de que Estrella pudiera responder, Marcelo continuó.
—Y también sabías que venía por nosotros.
Ella sabía que Alonso planeaba destruirlo a él y a Callum Harrington.
Sin embargo, Estrella jamás les filtró la noticia de que Alonso seguía respirando. Eso solo podía significar una cosa... se había aliado con él.
—Después de todo lo que te hizo, tú... —La voz de Marcelo se ahogó, incapaz de encontrar las palabras.
Así era.
Durante su tiempo en Nueva Cartavia, Alonso la había tratado peor que a basura. ¿Cuánto no había sufrido Estrella estando bajo su control?
¿Y al final?
Al final, cuando las cosas se pusieron feas, ella seguía eligiendo el bando de Alonso.
—¿Acaso olvidaste todo ese dolor? —le reprochó Marcelo.
Estrella guardó silencio.
—¿O es que lo amas tanto? ¿Lo amas al punto de que, sin importar cuánto te lastime, sigues firme a su lado? —Cada palabra de Marcelo destilaba más y más celos.
Estaba celoso de Alonso.
¿Qué maldito derecho tenía ese infeliz?
Ante las acusaciones de Marcelo, Estrella no se molestó en dar explicaciones. No le iba a decir que, hasta hace poco, ella misma creía que Alonso estaba muerto.
A decir verdad, que él estuviera vivo también la había tomado por sorpresa.
En aquel incidente en el Mar Negro, Alonso había sido acorralado por tres frentes: el General Ritter, Marcelo y el propio Callum.
Que hubiera sobrevivido a eso era un auténtico milagro.
—¿Entonces fue Callum quien los hirió? —dedujo ella.
Marcelo guardó silencio.
Al escuchar el tono filoso y amenazante de Estrella a través de la línea, a Marcelo se le cortó la respiración.
—Bien. ¡Ya me quedó claro! —sentenció Estrella.
—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó él, alarmado.
—Que si quieren guerra, guerra tendrán. De todos modos, ese hombre jamás me ha tratado como a una verdadera hermana, ¿o me equivoco? —respondió ella con desprecio.
Marcelo había intentado asustarla pintando la situación como una catástrofe.
Decirle que quedarse en Mar de Ámbar significaba ser enemiga de su propia sangre...
¡Qué chiste más malo!
Ellos nunca la habían tomado en cuenta, ¿verdad?
Si ser enemiga era el precio, que así fuera. ¡No le importaba!
—¿Te volviste loca? —le reclamó Marcelo.
—Sí, estoy loca. Y fueron ustedes quienes me empujaron a la locura.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...