Estrella soltó una risa suave y clavó su mirada en Alonso.
—¿Y cómo exactamente va a regresar?
Aunque las intenciones de Alonso ya eran más que obvias, ella seguía presionándolo para que fuera aún más directo.
¿Qué significaba eso de que Cintia regrese?
Sí, ¡claro que querían que regresara!
La verdadera pregunta era: ¿a cambio de qué?
—¿Por qué tienes que ser tan...? —empezó a decir Alonso, pero las palabras se le atascaron en la garganta al encontrarse con la mirada gélida que ella le lanzó.
Bajo el peso de esos ojos, el pecho de Alonso se apretó hasta dejarlo sin aire.
¡Zas! Tiró los cubiertos contra la mesa con brusquedad, se puso de pie y salió del comedor a zancadas.
¡Al final, no tuvo los pantalones de decirle en su cara que fuera ella a hacer el intercambio!
Tampoco podía decirlo. Sabía que no tenía el menor derecho a pedírselo.
Pero el mensaje estaba claro. Su decisión estaba tomada.
Estrella se quedó sola en el comedor. Siguió comiendo en silencio. Aunque no le gustaba ninguno de los platillos servidos, parecía que de verdad estaba muerta de hambre.
Además, el patético espectáculo que Alonso acababa de montar no logró arruinarle el apetito en lo absoluto.
Cuando Vanessa entró, se sorprendió al encontrar a Estrella terminando su comida.
Era un milagro que, después de semejante tensión, aún le pasara bocado.
Se acercó y tomó asiento a su lado.
—¡Gané la apuesta! —murmuró Estrella.
Esa palabra, gané, sonaba tan irónica en sus labios. ¿Acaso a eso se le podía llamar ganar?
¡Estaba clarísimo que había perdido, y de la peor manera!
Alonso siempre se las arreglaba para hacerla perder. En el fondo, ella nunca esperó que él le diera la victoria.
Vanessa guardó silencio.
Con solo escuchar esa frase, supo exactamente lo que había pasado entre los dos.
La expresión fúnebre con la que Alonso había salido a buscar a Amos ya lo decía todo.
Vanessa miró a Estrella con compasión.
—¿Qué puedo decirte para consolarte?
—No te molestes, no necesito consuelo.
Cuando los hombres resultan ser unos inútiles, a la mujer no le queda más remedio que usar la cabeza para sobrevivir.
—¿Y si te escapas? —sugirió Vanessa de golpe.
Finalmente, no pudo contenerse más. Todo aquello le parecía una reverenda porquería.
¡Estos hombres...!
Amos ya lo había dicho antes: usar a una mujer como moneda de cambio es de cobardes. Ninguna mujer tiene por qué pagar los platos rotos de la incompetencia de un hombre.
Estrella la miró con fijeza.
—Si quieres, ¡yo te echo una mano! —insistió Vanessa.
Llevaban poco tiempo de conocerse, pero Vanessa ya no soportaba ver cómo la utilizaban.
Cualquier problema que surgía, terminaba arrastrando a Estrella al lodo.
Antes, Vanessa le tenía cierto respeto a Alonso, pero ahora se daba cuenta de que no era gran cosa.
Y en cuanto a Callum Harrington, Vanessa sentía un asco profundo por él.
¡Meter a su propia hermana biológica en este enredo enfermo! ¿De qué más sería capaz?
En un momento como este, lo último que Estrella necesitaba era seguir atada a esos infelices.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...