—¿Y si no acepto?
Aunque sabía que era su límite, lo preguntó con un tono gélido. Si no aceptaba, ¿qué haría Alonso?
Sus miradas se cruzaron.
—¡Cintia tiene que volver de las manos de tu hermano!
Alonso pronunció las palabras «tu hermano» con especial énfasis.
Le estaba dejando claro a Estrella que no podía desentenderse de la situación solo porque quisiera.
Después de todo, ese asunto involucraba directamente a su hermano.
Y por ser su hermano...
¡Inevitablemente, ella estaba ligada a todo este caos!
Estrella soltó una risa sarcástica:
—Entonces, ¿vas a usar la fuerza conmigo?
Alonso no respondió de inmediato.
Por un instante, se sumió en el silencio.
Se quedó mirándola callado, mientras el conflicto en su interior se hacía cada vez más insoportable.
—¡No quiero hacer esto!
A menos que fuera estrictamente necesario, no quería que las cosas llegaran a ese punto.
—Pero ya tomaste la decisión —le reprochó Estrella.
—Tranquila, garantizaré tu seguridad.
—Tú mismo lo dijiste, es mi hermano. ¿Qué peligro podría correr?
Las palabras de Estrella desbordaban ironía.
Hablar de garantizar su seguridad en ese momento resultaba simplemente ridículo.
Alonso se puso de pie.
La miró fijamente:
—¿Quieres cambiarte de ropa?
Ya no estaba dispuesto a perder el tiempo discutiendo; su postura reflejaba una determinación inquebrantable de llevarla de vuelta a Inglaterra.
—No.
Al escucharla, Alonso le tendió la mano:
—¡Entonces vámonos!
Irse. Así de simple lo había decidido...
¡Sin importar si ella quería o no! Alonso tomó la decisión de forma completamente unilateral.
De hecho, al recordarlo, Estrella sentía que rara vez había tenido voz y voto frente a él.
Sin importar lo que ella deseara, Alonso siempre hacía lo que consideraba correcto.
Tuvo ganas de coserle la boca a Vanessa.
¡Porque de esa boca nunca salía nada agradable...!
Alonso no respondió y simplemente se llevó a Estrella.
Cuando Amos y Vanessa se quedaron a solas, la mirada de la mujer era más fría que nunca.
—¿Cariño? —la llamó Amos.
—¡No me llames nada! ¡Estoy que echo chispas!
Estaba tan indignada que ni siquiera a Amos le dirigió una buena cara.
Amos no supo qué decir. ¡Él era una víctima colateral!
Por qué tenía que haber entablado amistad con alguien como Alonso, ahora hasta su propia esposa la tomaba con él.
Vanessa dio media vuelta y entró furiosa a la casa.
Amos hizo un movimiento instintivo para seguirla, pero Vanessa le soltó un:
—¡No me sigas!
Dicho eso, se metió en la habitación con el celular en la mano.
Justo cuando estaba a punto de hacer una llamada, le entró un mensaje de Estrella:
[¡Espera mi señal!]

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...