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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 1074

De inmediato, Marcelo la sostuvo para que no se moviera.

—No te muevas, tienes la pierna herida.

Estrella se quedó pensativa.

¿Herida?

Lo recordó... Ese día, en medio del caos, ¡alguien le había disparado!

Las únicas personas presentes eran la gente de Marcelo, la de Callum y... los hombres de Alonso.

Sin importar cómo lo pensara, el culpable tenía que estar entre los hombres de alguno de esos tres.

Estrella apretó los labios y clavó la mirada en Marcelo.

—¿Por qué me miras así? —preguntó él.

—Me duele mucho el hombro izquierdo.

—Sí, también recibiste un impacto ahí.

Estrella suspiró internamente.

Así que no solo había recibido un disparo en la pierna. Con razón se había desmayado.

En medio de todo aquel caos, fue tan repentino que ni siquiera sintió el impacto antes de perder el conocimiento.

—Toma un poco de agua primero —dijo Marcelo.

Durante esos tres días, él la había cuidado con extrema delicadeza, por lo que, a pesar de estar inconsciente, sus labios no estaban resecos.

Estrella lo miró, sin hacer el amago de moverse.

—Es agua fresca. Anda, toma un poco, te hará bien —le habló en tono suave mientras presionaba el botón de llamada para buscar al doctor.

Ahora que había despertado, necesitaba una revisión completa.

Estrella obedeció y bebió unos sorbos.

Estaba muerta de sed.

Después de tres días sin comer ni beber, sentía el estómago completamente vacío.

El doctor no tardó en llegar y le hizo toda clase de chequeos.

Media hora después, por fin terminaron.

El médico indicó que ya podía ingerir alimentos, pero que debía ser algo suave.

Cuando todos salieron de la habitación, Eduardo entró trayendo una sopa ligera, espesa y reconfortante, que parecía haber sido preparada por él mismo.

Marcelo tomó la cuchara, probó la temperatura y luego la acercó a los labios de Estrella.

—Yo puedo hacerlo sola —dijo ella.

Tal como Marcelo pensaba, Estrella se había vuelto reservada.

No sabía en qué momento había ocurrido...

Se había convertido en alguien que rara vez hablaba.

Especialmente cuando se trataba de Marcelo, de Alonso o de Callum; con solo verlos, no podía ocultar la repulsión en sus ojos.

Antes, en Mar de Ámbar, había sido así con Alonso.

Y ahora con Marcelo... ¡era exactamente igual!

Ese asco indisimulado en su mirada era evidente para Marcelo, y le provocaba una profunda asfixia en el pecho.

Hasta que terminó de comer.

—¿Dónde estamos? —preguntó Estrella.

—En un hospital.

—Ya sé que es un hospital. Te estoy preguntando en qué parte estamos —siseó ella entre dientes.

Marcelo enmudeció.

Al escuchar la pregunta, cruzó miradas con ella. Ese desprecio latente en sus ojos le provocó una punzada de dolor...

—Estamos en Villa Ismar.

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