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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 1089

Al escuchar a Estrella exponer la diferencia fundamental, los labios de Marcelo esbozaron una sonrisa amarga. ¡Las mujeres... definitivamente no debían ser lastimadas! De lo contrario, no dudarían en sacar a relucir viejos rencores. Ese rencor parecía no desaparecer nunca.

—No volverá a pasar —dijo Marcelo.

¡No volvería a lastimarla en el futuro! Esta vez, su intención era sacarla por completo de ese lodazal del pasado y de todos los intereses que la rodeaban. Sin todo eso acechándola, ¿cómo podría volver a herirla?

Estrella, adivinando probablemente lo que pasaba por la mente de Marcelo, soltó una risa ligera.

—En el futuro, ¿quién sabe qué estarás tramando?

Marcelo se quedó en silencio. ¿Qué estaría tramando? ¿Acaso pensaba que él quería algo más?

—¡Nunca! —pronunció esas palabras con total firmeza. Pasara lo que pasara, jamás volvería a soltar su mano.

Por supuesto, Estrella no creyó ni una sola palabra. ¿Qué importaba si sonaba tan decidido en ese momento?

Marcelo acarició suavemente el cabello de la joven.

—Villa Ismar está llena de mi gente, no pienses en huir, ¿entendido?

Al escuchar que el lugar estaba rodeado por sus hombres, Estrella levantó la mirada hacia él. ¡Realmente había llevado la seguridad al extremo!

—Todavía estás herida. Si intentas huir ahora, la única que sufrirá serás tú —continuó Marcelo—. Incluso si quieres pelear conmigo, espera a que tus heridas sanen por completo, ¿de acuerdo?

No solo estaba herida, sino que afuera el clima era helado. Si salía corriendo, pasaría un calvario. ¡Además, era imposible escapar!

—Ya lo viste, mi pierna está lastimada. ¿Cómo se supone que voy a huir? —respondió ella.

Marcelo incluso se había encargado de lesionar su pierna, ¿todo para evitar que escapara? Qué hombre tan aterrador. Todo lo tenía fríamente calculado.

—¿Qué significa esto?

—No vuelvas a cocinar. No me gusta —respondió Estrella con frialdad.

—Llevas toda la semana comiendo de maravilla, ¿y de repente ya no te gusta?

Su apetito había sido excelente durante esos días. ¿Ahora resulta que no le gustaba? Claro, seguro era porque antes no sabía que él lo había cocinado. Estrella lo miró con hielo en los ojos, sin decir una palabra.

—La comida local no te va a gustar. Solo quiero que te recuperes pronto —explicó Marcelo. Al estar herida, necesitaba comer bien para sanar.

—¡Hipócrita!

Ante ese "quiero que te recuperes pronto", a Estrella solo le pareció de una falsedad extrema. Al escuchar la palabra "hipócrita", el pecho de Marcelo se contrajo. De repente entendió por qué ella sentía tanto rechazo hacia Alonso Echeverría. Para ella, Alonso también era exactamente eso: un hipócrita. Ahora lo estaba metiendo en el mismo saco que a él, convencida de que todo lo que hacían era una farsa.

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