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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 1093

Al final, él había sido quien la empujó por completo a ese peligro mortal. Ante los reproches de Marcelo, Alonso no fue capaz de pronunciar una sola palabra.

¡El dolor era insoportable! Marcelo le dio otra patada y, justo cuando estaba por lanzarse de nuevo, Amos lo agarró con fuerza.

—¡¿Acaso ustedes no tienen la culpa?! ¡Todos estaban ahí! —gritó Amos.

El repentino reclamo de Amos dejó el lugar en un silencio sepulcral. Marcelo y Callum parecieron congelarse de golpe.

Era cierto, todos habían sido parte de eso.

Marcelo, como si de pronto se hubiera quedado sin fuerzas, se dejó caer al suelo mientras Amos lo soltaba. ¡Parecía que la energía los había abandonado a todos!

El silencio volvió a reinar, pero era un silencio asfixiante, cargado del dolor y el arrepentimiento de cada uno de los presentes.

—No, no puede ser... Yo le dije que me esperara, y ella me va a esperar... —murmuraba Alonso, con la mente completamente fragmentada.

Por mucho que Amos hubiera intentado prepararlo en el camino, ¿cómo se podía estar listo para algo así? Su mente era un caos. Incluso después de verlo todo con sus propios ojos, se negaba a asimilar la realidad de lo que había pasado. ¡No podía aceptarlo! Se negaba rotundamente a aceptar que ella ya no estuviera.

Marcelo, que parecía haberse calmado, al escuchar ese "ella me va a esperar", se enfureció de nuevo y se abalanzó sobre Alonso. Esta vez no se contuvo y le asestó varios puñetazos directo al rostro.

Alonso comenzó a sangrar por la boca.

—¡Ya basta! —gritó Amos, abrazando a Marcelo por la espalda.

—¡Suéltame! —gruñó Marcelo, intentando zafarse.

Amos no lo soltó, y ambos cayeron a un lado. Marcelo intentó levantarse para seguir golpeándolo, pero Alonso seguía murmurando:

¿Pero qué habían acordado?

Él también le había prometido que la protegería... ¿Y al final? Ni siquiera sabía a dónde se la habían llevado.

¡Se abofeteó a sí mismo varias veces con fuerza! Las lágrimas resbalaban por sus mejillas. El dolor lo destrozaba por dentro, atrapándolo en un bucle obsesivo sobre cómo debió haberla protegido.

¡Toda esa noche, Puerto Cieloalto se hundió en una atmósfera de pesadumbre!

Alonso terminó desmayándose y Amos tuvo que llevárselo a la fuerza. Antes de irse, intentó recoger las pertenencias de Estrella e incluso lo poco que quedaba... para llevárselo todo, ¡pero Callum se lo impidió!

—¿Con quién crees que debería irse ella? —dijo Callum.

Incluso muerta, incluso si solo quedaban algunas de sus cosas, Alonso no era digno de llevárselas. Simplemente, no tenía derecho.

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