Estrella: —Si lo de ayer ya pasó, ¿por qué hace dos años también intentaste atacarme?
Hace dos años, Julián todavía estaba vivo.
¿Desde ese entonces ella ya tenía esas intenciones con Alonso?
Mónica miró a Estrella y bajó ligeramente la vista:
—Eso no es algo que debas preguntar.
Al escuchar esa respuesta, Estrella lo confirmó. Ya fuera ayer o hace dos años, Mónica lo había hecho a propósito.
Estando Julián presente, ella ya había empezado a echarle el ojo a Alonso.
Mónica: —Estrella, no te hagas la indignada. Con el estatus que tienes, nunca debiste haber entrado a la familia Echeverría.
Esa frase de «el estatus que tienes» era, sin duda, una burla. Para ella, Estrella era un cero a la izquierda.
Ahora, hiciera lo que hiciera contra Estrella, ella no tendría forma de defenderse.
Ante la arrogancia de Mónica, Estrella soltó una risa burlona: —¿Alonso ya te lo dijo?
Mónica: —¿Decirme qué?
—Que voy a recuperar la exclusividad del proyecto Cañón de Laverna.
Al escuchar las palabras «Cañón de Laverna», la expresión en el rostro de Mónica se congeló.
Pero pronto soltó una carcajada de desprecio: —¿Tú lo vas a recuperar? ¿Cómo? ¿Usando tus supuestas armas legales?
Qué descaro, de verdad, qué descaro.
Estrella miró a Mónica con frialdad.
Mónica continuó: —Con alguien de tu posición, incluso si quisiera que te murieras, nadie se daría cuenta.
»Te aconsejo que no armes panchos ni juegues sucio, eso no me afecta en nada. Al contrario, si me haces enojar, no te va a traer nada bueno.
La amenaza de Mónica era gélida.
La mirada que le dirigió a Estrella también era extremadamente peligrosa: —Divórciate de Alonso, vete de Nueva Cartavia y no regreses nunca.
»Esta es la única vez que te lo voy a pedir por las buenas.
Tras soltar esas palabras, Mónica giró su silla de ruedas y se dirigió directamente hacia la puerta.
Estrella movió los párpados con frialdad: —Es la primera vez que veo a una amante tan descarada.
Las otras amantes solían andar con la cola entre las patas.
Pero Mónica se sentía intocable porque tenía una madre con mucho poder y dinero respaldándola.
La silla de ruedas de Mónica se detuvo. Ella volteó a ver a Estrella, y la sonrisa en su comisura se volvió cruel.
—¿Cuál amante? ¿Quién en Nueva Cartavia sabe que existe una esposa de Alonso como tú?
Alonso apareció en la puerta en ese preciso momento y vio la escena. Su rostro se oscureció de inmediato.
Mónica tampoco esperaba que Estrella se atreviera a abofetearla.
Sintió una llamarada de furia en su interior, pero al instante siguiente la reprimió con fuerza porque Alonso ya estaba ahí.
Con tono de víctima, dijo: —Estrella, ¿qué estás haciendo? Yo solo...
¡Plaf, plaf!
Antes de que pudiera terminar, Estrella le propinó otras dos cachetadas.
Usó toda su fuerza. Mónica, tras recibir los tres golpes, sintió que el cerebro le zumbaba.
Al ver esto, a Alonso se le subió la sangre a la cabeza: —Estrella, ¿qué haces?
Mónica se cubrió el rostro.
Miró a Alonso con los ojos llenos de lágrimas y la voz entrecortada: —Alonso...
Alonso avanzó y agarró la muñeca de Estrella justo cuando iba a levantar la mano de nuevo: —¿Te volviste loca o qué?
Estrella se soltó de un tirón: —¿Loca? Solo estoy cobrando un poco de intereses por adelantado.
Al terminar de hablar, usó la otra mano para darle una bofetada a Alonso y, de revés, volvió a golpear a Mónica en la cara.
De un momento a otro, toda la habitación se llenó de una furia explosiva.

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