Para ser honestos, ¡convivir con alguien así debía ser sofocante!
Era completamente lógico que Estrella hubiera querido huir de él.
Alonso cerró los ojos.
—Ella debería volver a mi lado.
El dolor impregnaba cada sílaba de su voz al pronunciar esas palabras.
Y de inmediato añadió:
—Al menos merezco tener algo a qué aferrarme, ¿no crees?
Amos se quedó sin palabras.
Esa excusa de tener algo a qué aferrarse lo dejó mudo.
¡Y lo llamaba aferrarse a un recuerdo!
Bueno...
Era verdad que, en su estado actual, Alonso necesitaba desesperadamente algo a qué agarrarse.
—Pero eso es a lo que Marcelo se está aferrando también.
Era una realidad innegable: si Marcelo lo había abandonado todo para llevarse a Estrella, era precisamente porque ella era su única razón de ser.
Si Marcelo tenía esa misma obsesión por Estrella...
¡Entonces a Alonso le iba a resultar imposible recuperarla!
—¡Qué derecho tiene él! ¡Él no es nadie! —exclamó Alonso.
Amos guardó silencio.
Eh...
¡Si lo ponía en esos términos, entonces la conversación no tenía sentido!
Ninguno tenía el derecho; ninguno era nada.
Podrían tener un acta de matrimonio que los uniera legalmente, pero en la práctica...
En el corazón de Estrella, Alonso había dejado de significar algo hacía mucho tiempo.
...
Por más que Amos intentara hacerlo entrar en razón, Alonso estaba obsesionado con encontrar a Estrella.
Pero la noticia de que había enviado a sus hombres a buscar a Marcelo llegó primero a oídos de Callum Harrington.
Durante esos días, una nube oscura se había cernido sobre la familia Harrington.
Estrella se había ido.
—Ahora ha enviado a su gente a buscar al señor Castañeda; su objetivo es recuperar las pertenencias que dejó la señorita.
—¡Já, qué reverenda estupidez!
¿Recuperarlas para qué? ¿Para alimentar su farsa de amor verdadero?
¡Si ni siquiera él mismo tenía el descaro de exigirle nada a Marcelo! Pero claro, Alonso era un desvergonzado.
—Sí, resulta bastante absurdo —coincidió Malcolm.
A Malcolm también le parecía ridícula la actitud de Alonso.
En esta disputa, ¡el que menos derecho tenía a reclamar algo era precisamente Alonso!
—Llámale a Amos y pregúntale si ya no le interesa conservar Mar de Ámbar —ordenó Callum.
Por culpa de Vanessa.
¡Durante años, Callum se había contenido y soportado a Amos!
¿De verdad creía que no tenía cómo destruir a ese infeliz?
Si Alonso seguía causando problemas...
¡No le temblaría la mano para obligarlos a largarse de Mar de Ámbar!
—¿Sugiere que el señor Amos lo detenga? No creo que el señor Amos tenga la capacidad de hacerlo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...