¿Cómo podía existir la posibilidad de la que hablaba Alonso? Esa supuesta esperanza no era más que un consuelo engañoso.
—¡No digas más! —exclamó Alonso.
Al escuchar que Cintia también le pedía que aceptara la muerte de Estrella, la ira se apoderó de él.
¡Él no quería aceptarlo!
Se negaba rotundamente a creer cualquier noticia relacionada con su muerte.
Marcelo había actuado de forma sospechosa aquel día, y la manera en que Eduardo manejó todo también dejaba muchas dudas.
Para cuando ellos llegaron, lo único que encontraron fue aquella escena montada.
Sospechaba que Marcelo se la había llevado.
¡No, no era una simple sospecha!
En el fondo de su corazón, estaba completamente seguro.
—¡De verdad vas a morir! —insistió Cintia, perdiendo la paciencia y alzando la voz.
En ese momento, el tono de Cintia se volvió severo y cargado de urgencia.
No tenía ninguna posibilidad de ganar si se enfrentaba a un demente como Callum Harrington.
—Entonces que así sea. Ojalá sea ella quien recoja mi cadáver —respondió Alonso.
Incluso en la muerte, no quería cortar todos los lazos que lo unían a ella.
—¿Crees que eso es posible?
Alonso se quedó en silencio.
¡Era imposible!
Y él lo sabía mejor que nadie.
Incluso si Estrella estuviera viva, y se enterara de su muerte, no aparecería por él, ¿verdad?
Quizás su escape aquella vez había engañado hasta al propio Callum Harrington.
Pero él simplemente la extrañaba con locura...
—¡Acuérdate de Mariela y de nuestros padres! —le recordó Cintia.
En ese momento, ella quería evitar a toda costa que Alonso chocara con ese loco de Callum Harrington.
Por eso, intentaba convencerlo de que terminara con todo antes de que Callum llegara.
Y al escuchar esas palabras, ¡Alonso sintió que el aire le faltaba aún más!
Otra vez a elegir...
Por más vueltas que le diera, siempre terminaba acorralado en la misma disyuntiva.
¡Era una crueldad insoportable!
Cuando Alonso se quedó solo, una densa sombra de melancolía se abatió sobre él.
¡La balanza entre la familia Echeverría y Estrella se le presentaba de nuevo, implacable y despiadada!
Su mente se enfrascó nuevamente en un tormento interminable.
Y esta vez, la decisión pesaba mucho más que en cualquier otra ocasión.
¡Especialmente al imaginar que Estrella podría estar observándolo desde las sombras!
Para Alonso, ese pensamiento era peor que la muerte.
...
Mientras tanto, muy lejos de allí, en Villa Ismar, se encontraban Marcelo y Estrella.
Afuera, ¡el clima seguía siendo helado!
Con medio metro de nieve cubriendo el suelo, si Estrella estuviera sana, seguramente no habría podido resistir la tentación de salir a jugar, pero en su condición, era imposible.
La herida de su pierna aún no cicatrizaba.
Y el dolor en el omóplato no le daba tregua.
Durante todo este tiempo, Marcelo se había asegurado de que recibiera los mejores medicamentos, pero una herida es una herida.
Incluso si llegaba a sanar por completo, su cuerpo nunca volvería a ser el mismo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...