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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 1140

Si eso ocurría, las cosas podrían salirse de control.

—Que no se entere. Encubre bien la información —ordenó Marcelo.

Eduardo guardó silencio.

—¡Solo di que Violeta se mudó a otro lado!

En resumen, la noticia de que Estrella seguía viva no podía salir de allí. Durante ese tiempo, Marcelo ya había notado que Alonso tenía fuertes sospechas. Y a eso se sumaba el factor de Renato. Renato llevaba semanas buscando a Violeta como un loco. Si por casualidad sus investigaciones lo llevaban hasta la Montaña Sima, sería catastrófico para él y para Estrella.

—Entendido.

Eduardo asintió. Miró hacia el interior del restaurante, directo a Violeta, y un destello de lástima cruzó por sus ojos.

Esta chica... ¿por qué tuvo que venir precisamente a la Montaña Sima? Nunca debió haber pisado este lugar.

Adentro, Estrella y Violeta conversaron durante un largo rato. No fue hasta que Estrella hizo el amago de levantarse que Marcelo bajó del auto y entró.

—Te acompaño a la salida —dijo Violeta, sintiendo un nudo en el pecho al ver la pierna lastimada de su amiga.

¡A Estrella le dolía hasta dar un solo paso! Al fin y al cabo, era una lesión grave y la recuperación no sería nada fácil.

Justo en ese momento, Marcelo apareció. Sin siquiera dirigirle una mirada a Violeta, tomó a Estrella en brazos al estilo nupcial y se dio la vuelta para salir.

Violeta quiso soltarle un par de verdades al verlo. Pero el aura de ese hombre era demasiado imponente, casi salvaje. No es que Violeta le tuviera miedo, pero... Marcelo ni siquiera le dio tiempo de abrir la boca.

Indignada, Violeta hizo un puchero mientras veía su espalda alejarse.

...

Marcelo llevó a Estrella directamente al auto.

Ella había ido con la intención de probar la comida del lugar, pero por estar charlando con Violeta, ni siquiera le había sentido el sabor a los platos.

En el instante en que el motor arrancó, Estrella miró a Marcelo y le advirtió:

—¡Entonces sí tenías intenciones de matarla! —Estrella soltó una risa amarga y lo miró con desprecio.

—Estrella...

—Si le pasa algo, Marcelo... jamás te lo perdonaré.

Cuando un hombre como Marcelo se proponía algo, ya tenía un plan trazado en su mente. Estrella estaba aterrada por la seguridad de Violeta.

Él se quedó en silencio, pero su mirada se volvió aún más oscura y profunda.

—Sé que estás maquinando algo —continuó Estrella—. Pero escúchame bien, Marcelo. Si ella desaparece de ese restaurante, no me importa qué excusa te inventes, no te voy a creer.

Después de tanto tiempo a su lado, Estrella había aprendido a leerlo. Lo conocía mejor de lo que él pensaba.

Probablemente ya había diseñado un plan perfecto para hacer que Violeta se esfumara sin dejar rastro. Era un hombre verdaderamente aterrador...

Por eso, Estrella decidió poner las cartas sobre la mesa y enfrentarlo directamente, sin rodeos.

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