Después de que los abuelos se negaran a aceptar a Adara, le presentaron a otras jóvenes de buena familia, pero Renato se encargó de ofenderlas a todas.
Al final, no quedó nadie más que Adara dispuesta a casarse con él.
—Entonces, ¿están eligiendo entre Violeta y Adara? —se rio Renato con sarcasmo.
Si hubiera existido una tercera opción, Adara ni siquiera figuraría en la lista.
—Qué bueno que lo entiendes. Aparte de Adara, no hay nadie más adecuada para ti —sentenció Palmira Ibáñez.
—¿Acaso no sé yo quién es la adecuada para mí?
—Todos sabemos que consideras a Violeta como la indicada, ¡pero jamás lo permitiremos!
Palmira creía conocer perfectamente la clase de mujer que era Violeta.
—Ni pienses en volver con Violeta. No lo permitimos cuando había un bebé de por medio, mucho menos ahora que lo perdió.
Cada palabra de Palmira estaba cargada de una crueldad inquebrantable.
Ella parecía saber que el bebé ya no existía.
Y era cierto...
Con el carácter tan indomable de Violeta, ¿cómo iba a conservar ese embarazo?
Precisamente por ese temperamento feroz, ni Palmira ni los abuelos de la familia Ibáñez la aceptarían jamás.
—¡En esta familia no queremos a otra Estrella Robles! —exclamó la mujer.
Estrella Robles. Toda Nueva Cartavia sabía cómo ella había pisoteado el orgullo de la familia Echeverría en su momento.
Si dejaban entrar a Violeta, ¿no se convertiría en la segunda Estrella?
¡Nadie podría lidiar con una nuera así!
—¿No se les ha ocurrido pensar que, si ella se vuelve como Estrella, será porque ustedes la orillaron a eso? —se burló Renato con una risa helada.
Día tras día, solo pensaban en atormentar a las personas y esperaban que agacharan la cabeza sin rechistar.
—Tú... —titubeó Palmira, furiosa.
—Si fueran capaces de aceptarla y tratarla bien, ¿por qué habría de convertirse en otra Estrella?
Para Renato, las cosas eran claras.
Cuando Estrella llegó a la familia Echeverría, al principio todo estaba bien. Fueron los propios Echeverría quienes la empujaron al límite.
Si la hubieran tratado con respeto desde el inicio, nada de ese desastre habría ocurrido.
Al escuchar que su hijo le pedía "tratar bien" a Violeta, ¡Palmira enfureció aún más!
—¡Estás perdiendo la cabeza! —gritó, pálida de ira.
—Por lo tanto, olvida lo de mi boda con Adara, ¡porque nunca aceptaré casarme con ella!
Jamás.
Palmira lo miró con el rostro desencajado.
—Lo harás, te guste o no. Los preparativos de la boda ya están en marcha.
Antes de venir, Palmira ya había movido los hilos. Que ahora Renato dijera que no aceptaba, ¡qué chiste!
Había cosas que simplemente no estaban a discusión.
Al enterarse de que los preparativos para casarse con Adara ya habían comenzado, el rostro de Renato se oscureció por completo.
—¡Ah! ¿Acaso tengo cara de ser un títere al que pueden manejar a su antojo?
—...
Al notar la firmeza en la voz de su hijo, la mirada de Palmira se volvió mucho más fría.
—No me importa lo que creas ser. ¡Tu compromiso con Adara ya es un hecho!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...