Después de todo, ella era la mujer con la que Renato realmente quería casarse.
—¿Y entonces? —preguntó Violeta.
—Entonces, ponle un precio. ¿Qué necesitas para irte de Nueva Cartavia? —gruñó Adara apretando los dientes.
Esta maldita mujer nunca debió haber regresado a la ciudad.
Si no hubiera vuelto, nadie se interpondría entre ella y Renato.
Tendría todo el tiempo del mundo para reconquistarlo en lugar de estar en esta situación.
¡Tener que recurrir a la presión familiar para obligarlo a casarse con ella!
Iniciando un matrimonio en estas condiciones, le tomaría muchísimo tiempo arreglar las cosas con él.
Y todo esto era culpa de Violeta...
Al escuchar que le pedía ponerle un precio, Violeta soltó una carcajada.
—¡Me parece que no estás entendiendo nada!
—...
—¿Cómo crees que regresé a Nueva Cartavia? ¡Fue el mismísimo Renato quien me trajo de vuelta!
Ella no había vuelto por su propia cuenta.
¿De verdad creía que se moría de ganas de estar en esta ciudad? ¿O que tenía algún apego sentimental por Nueva Cartavia?
—¡Fue Renato quien me buscó personalmente! Si quieres que me vaya, deberías ir a pedírselo a él.
—...
La postura de ganadora de Adara se hizo pedazos en un instante ante las palabras de Violeta.
¡Pedírselo a Renato!
¿Cómo iba Renato a dejarla ir?
Adara había visto con sus propios ojos todo el esfuerzo y la desesperación de Renato por encontrar a Violeta.
De verdad no lo entendía.
No entendía qué le veía a una mujer como ella. Violeta no tenía nada.
¡Cero estatus familiar!
Y en cuanto a su apariencia, aunque era linda, no era una belleza deslumbrante fuera de este mundo. ¿Por qué Renato no podía sacársela de la cabeza?
—¡No debiste venir a buscarme hoy! Si lo que quieres es arreglar tu relación con Renato, venir a amenazarme solo logrará enfurecerlo más.
VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...