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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 1165

Hablar de ese bebé era lo que más le quitaba el sueño a Palmira.

Aún no había logrado ver a Violeta en persona.

Si lo que Adara decía era cierto, ¡lo más probable es que no hubiera perdido a la criatura!

Esa mujer era tan manipuladora, ¿cómo iba a deshacerse de su mayor carta de triunfo tan fácilmente...?

¡Solo de pensarlo, Palmira sintió pánico!

Tenía que confirmarlo con sus propios ojos.

—No me fijé bien —respondió Adara.

El simple hecho de mencionar al bebé la hizo palidecer.

Cuando fue a confrontar a Violeta, estaba tan cegada por los celos que ni siquiera le prestó atención a su figura.

¿Acaso Renato estaba tan firme en su decisión porque Violeta seguía embarazada?

Si ese fuera el caso... ¡las cosas se complicarían!

—¡No puede ser, tengo que ir personalmente a comprobar si ese niño sigue ahí! —gruñó Palmira apretando los dientes.

Más le valía que no estuviera.

Si el embarazo seguía en pie, tendrían un problema enorme encima.

Adara la miró con preocupación.

—Si el bebé todavía está ahí...

—¡No te preocupes, yo me encargaré! —respondió Palmira con una frialdad absoluta.

No pensaba ceder un solo milímetro ante Violeta. Aunque estuviera embarazada, encontraría la manera de solucionar el "problema".

¡Los abuelos de la familia Ibáñez tampoco lo permitirían!

Ellos nunca habían tolerado a las trepadoras que usaban un embarazo para asegurar su lugar en la familia.

Adara palideció aún más.

Palmira le dio unas palmaditas en el dorso de la mano para tranquilizarla.

—No te angusties, iré a investigar y me aseguraré de todo.

—A decir verdad, Renato tampoco siente nada por mí, yo...

—¡Basta!

Palmira la interrumpió antes de que pudiera terminar la frase.

Estaba demasiado alterada como para seguir consolándola.

¡Su mente solo daba vueltas en torno a la posibilidad de que Violeta siguiera esperando a ese bebé!

Si era así, el dolor de cabeza sería monumental...

...

Cuando Renato regresó a la casa, Violeta estaba cenando.

Pero tampoco podían culparlo de todo, ¿verdad? ¡Él también se sentía traicionado!

Al escucharlo, Violeta le lanzó una mirada de reojo.

—¿Acaso parecen dos personas entre las que no hay nada?

—...

Visto desde afuera, ciertamente no lo parecía.

—Pero te juro que, para mí, jamás hubo ni habrá nada más allá de una simple amistad.

—Pues se van a casar. La familia Ibáñez ya está repartiendo las invitaciones.

Que no sintiera nada era irrelevante.

Ahora, todos los pesos pesados de su familia habían decidido que debían estar juntos, y no aceptarían un no por respuesta.

A Renato le dio una punzada en la cabeza al oír eso.

—No voy a casarme con ella.

No le importaba lo que hiciera su familia, jamás aceptaría.

El hecho de que estuvieran mandando invitaciones a sus espaldas lo tenía al borde del colapso.

—Cuando toda la familia Ibáñez te ponga entre la espada y la pared, ¿de verdad podrás decir que no con tanta firmeza?

Si no se equivocaba, a estas alturas todo Nueva Cartavia ya daba por hecho el matrimonio entre él y Adara.

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