—¿Podemos dejar de hablar de este tema de una vez por todas? —dijo Renato con un suspiro de impotencia.
Solo había pasado una vez, pero Violeta seguía guardando un gran resentimiento en su corazón.
Con eso quedaba claro lo mucho que Alonso había lastimado a Estrella Robles por culpa de Mónica.
¡Y había sido una y otra vez...!
No era de extrañar que Estrella se negara rotundamente a perdonar a Alonso. Después de haber sido destrozada de esa manera, ¿cómo podría perdonarlo?
—¡Fui un idiota en el pasado! Siempre creí que, como crecimos juntos, conocía perfectamente su personalidad —se lamentó Renato—.
—¡Quién iba a decir que era tan buena fingiendo!
Hablar de la hipocresía de Adara todavía le revolvía el estómago a Renato.
Especialmente al recordar que Adara, a pesar de tener otras intenciones amorosas con él, siempre fingió tener una simple camaradería y una amistad incondicional.
Esa forma de acercarse le resultaba repulsiva.
Él detestaba a la gente falsa...
—Hmph, no creas que por decir eso te voy a perdonar tan fácil —murmuró Violeta, a medias entre el enojo y el capricho.
Renato sonrió.
¿Qué no lo iba a perdonar? El simple hecho de que estuviera hablando con él de esa manera significaba que ya lo había perdonado en su mayor parte.
En cuanto al resto... bueno, a veces era normal que ella se pusiera un poco terca.
¡Todo debía tomar su tiempo...!
...
La noticia de que Renato Ibáñez se había fugado con Violeta Pizarro llegó rápidamente a oídos de Alonso Echeverría.
Él se encontraba en su momento más decadente; aún no lograba superar la supuesta muerte de Marcelo Castañeda y Estrella.
En muy poco tiempo, había perdido peso nuevamente, luciendo una figura demacrada.
¡Se estaba torturando hasta parecer un fantasma!
Amos no pudo evitar sentir lástima al verlo.
—Oye, ellos ya no están, ¿qué ganas poniéndote así? —le recriminó.
Amos nunca había sido bueno consolando a la gente.
Para él, si alguien realmente te importaba, debías valorarlo y cuidarlo cuando estaba a tu lado.
No esperar a perderlo para darte cuenta de lo importante que era.
Y Alonso era el clásico ejemplo del hombre que solo descubría el valor de alguien cuando ya lo había perdido para siempre.
Alonso cerró los ojos, completamente reacio a responder a las palabras de Amos.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...