Una sonrisa sombría apareció en los labios de Rocío.
—¡Lo mejor sería que se mataran entre ellos hasta que no quede ninguno vivo!
Estrella la miró con los ojos muy abiertos.
—Solo si ellos mueren, tú podrás vivir en paz —aseguró Rocío.
¿Que murieran todos?
Al escuchar las palabras de Rocío, la expresión de Estrella se volvió extremadamente seria.
—No me digas que, después de todo lo que te han hecho, todavía te da lástima que mueran.
¿Lástima?
Bueno, tampoco era para tanto...
—Si yo estuviera en tu lugar, me aseguraría de que todos terminaran bajo tierra. ¿Por qué conformarse con fingir mi muerte? —añadió Rocío.
Estrella seguía en silencio.
No cabía duda de que Rocío era una de las mejores mujeres de Amos. Después de haber sobrevivido tantos años en Mar de Ámbar, estaba claro que no era ninguna santa.
Pero esto...
Estrella jamás había contemplado la idea de dejarlos morir a todos.
Sin embargo, Rocío tenía razón en una cosa.
¡Se lo merecían!
Alonso, Marcelo... a decir verdad, todos merecían lo peor.
Pero en ese instante...
—No termino de entender a qué quieres llegar con todo esto —dijo Estrella.
Si Alonso volvía a irrumpir para arruinarle la vida...
¡Entonces ella misma lo mataría!
—¿A qué quiero llegar? ¿Acaso quieres esperar a que te abandone una vez más? —respondió Rocío.
¡Una vez más!
¿Quién?
¿Alonso? ¿Marcelo...?
—Quizás no te hayas dado cuenta, pero aunque para él estás muerta, Alonso volvió a abandonarte por segunda vez —reveló Rocío.
¡Volvió a abandonarla! Estrella lo sabía. Lo había hecho para proteger a los Echeverría.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...