Después de darse un buen baño, Estrella se sintió como nueva.
Apenas salió de su habitación, una empleada se acercó con una bandeja de fruta y leche caliente.
—Señorita.
—Déjalo ahí y retírate.
La mujer titubeó un segundo.
Dejó rápidamente las cosas sobre la mesa y, con la cabeza baja, le dijo:
—El señor Callum desea verla.
—Dile que no estoy disponible.
La empleada se quedó de una pieza.
Así de directa era Estrella ahora.
Antes de regresar, su padre le había prometido que le prepararían un ala de la casa exclusivamente para ella.
¡El castillo era enorme!
Si no quería ver a Callum, bien podría pasar un año entero sin cruzarse con él en los pasillos.
En realidad, su plan inicial no era quedarse a vivir ahí.
Pero las medidas que tomó Maxwell le hicieron difícil negarse.
Especialmente al ver el dolor y la culpa en sus ojos; Estrella supo que debía ceder un poco.
En cuanto a Callum, aplicaría la regla que le dio su padre:
¡Si quería verlo, lo vería; si no, simplemente lo ignoraría!
Si le colmaba la paciencia, ¡incluso estaba dispuesta a desconocerlo como hermano...!
...
Mientras tanto, a Callum le hirvió la sangre cuando le informaron que Estrella se negaba a recibirlo.
¡Su rostro se oscureció al instante!
¿Que no quería verlo?
¡Esa niña insolente se estaba pasando de la raya!
¿Qué pretendía ahora? ¿Hacer de cuenta que no existía?
Malcolm entró a la oficina tras contestar una llamada, con expresión grave.
—Señor, la señorita Jana Montalbán quiere verlo.
¡Jana Montalbán!
Era la heredera de la familia Montalbán, la mujer con la que se suponía que Callum iba a casarse.
Callum frunció el ceño.
Todos sabían perfectamente las intenciones que Marcelo tenía con Estrella.
Aunque Marcelo y ella estuvieran distanciados por ahora, Alonso no tenía cabida en esa ecuación.
Especialmente considerando la aversión que Cintia le generaba a Estrella.
Solo por ese detalle, ni Marcelo ni Maxwell permitirían que Alonso se le acercara a un metro de distancia.
Y si Alonso intentaba acosar a Estrella esta vez...
¡Lo más seguro es que no saliera vivo de Oricalco!
Al recordar cómo su padre casi mata a Cintia el día anterior, a Callum le empezó a palpitar una vena en la frente.
—¡Par de imbéciles que no valoran su vida!
—Así parece... —murmuró Malcolm—. Si el señor Maxwell se entera de que Alonso está aquí, lo más probable es que...
¿Que qué?
Malcolm no terminó la frase, pero la implicación flotaba pesada en el aire.
Si Maxwell no tuvo piedad con Cintia...
Con Alonso, el trato sería mil veces peor.
Maxwell ya estaba furioso por la forma tan blanda en la que Callum había manejado el asunto con los Echeverría en el pasado.
Si a eso le sumaban la frialdad absoluta que Estrella mostraba ahora hacia Alonso...

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...