Violeta estaba a punto de perder la cabeza; ¡ahora ese desgraciado se había llevado a Estrella!
Mientras tanto, dentro del auto en movimiento, Estrella iba sentada junto a Alonso Echeverría con una serenidad perturbadora. Él encendió un cigarrillo, le dio una calada profunda y rompió el silencio con una voz cargada de hielo.
—Habla. ¿Cómo quieres morir? —preguntó—. Por los viejos tiempos en los que fuimos esposos, te permitiré elegir tu propio final.
En ese instante, el tono de Alonso bordeaba la locura absoluta. Estrella no pronunció palabra.
—¡Tú eres la que debería morir! ¡Deberías haber muerto hace mucho tiempo! Me arrepiento tanto...
¿De qué se arrepentía? El remordimiento que Alonso expresaba en ese momento era tan real como la última vez. En el fondo, siempre que decía estar arrepentido, lo decía en serio. Pero su obsesión por ella, esa incapacidad de dejarla ir, también era aterradoramente real. Un amor tan asfixiante que nadie sería capaz de soportar.
Finalmente, Estrella abrió la boca.
—Yo también me arrepiento.
—¿Tú te arrepientes? ¿Qué derecho tienes tú a arrepentirte? ¡No tienes ningún derecho, Estrella Robles! —estalló Alonso—. No sientes ni una gota de culpa por todo lo que le pasó a la familia Echeverría. Mi familia está en ruinas por tu culpa, y a ti no te importa en absoluto.
Alonso no podía asimilar que, después de descubrir que su venganza por la muerte de su madre había sido un error contra su familia, ella no sintiera remordimiento. ¡Y peor aún, estando en Oricalco, no solo no había cuidado de Cintia Echeverría, sino que le había arrebatado la vida!
—Podría perdonarte otras cosas, ¿pero qué te hizo Cintia? ¿Por qué tuviste que hacerle eso? Dime, ¿por qué?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...