—Es casi seguro, señor. Incluso Zacarías Torres, el hombre de confianza que conducía para Alonso Echeverría, terminó...
¿Terminó qué? Eduardo no necesitó terminar la frase. Marcelo Castañeda entendió perfectamente lo que insinuaba.
Aunque sabía que el rencor entre Estrella Robles y Alonso había llegado a un punto sin retorno, y era obvio que Alonso deseaba verla muerta, jamás imaginó que ella sería la primera en asestar el golpe letal. En este macabro juego de supervivencia, Alonso había sido el perdedor absoluto.
—Entonces, ¿aún viajaremos a Oricalco? —preguntó Eduardo.
Primero fue Cintia Echeverría, asesinada por manos aún desconocidas, y ahora era el turno de Alonso, herido mortalmente por la propia Estrella. ¿Y qué hay de Callum Harrington? Era de esperarse que en este momento estuviera perdiendo la cabeza.
Las mismas dudas que cruzaban por la mente de Eduardo atormentaban a Marcelo. Al pensar en el viaje a Oricalco, cerró los ojos con pesadez.
—No será necesario —dictaminó.
—¿Y qué hay del señor Callum?
—Él no podrá hacerle daño a Estrella.
La Estrella de hoy no era la misma de antes. Su estadía en Villa Ismar había sido quizás su punto más vulnerable, pero ahora, se había convertido en alguien mucho más temible que la joven que alguna vez caminó por las calles de Nueva Cartavia.
Eduardo reflexionó un momento y asintió, dándole la razón.
—Tiene razón, señor. Probablemente nadie pueda tocar a la señorita Estrella ahora, siempre y cuando el señor Maxwell Harrington la siga protegiendo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...