Esta vez, si no le daban una lección, se iba a creer intocable.
Justo cuando Isidora iba a marcar, Mónica, que había permanecido en silencio, la detuvo:
—Mamá, si llamamos a la policía, Julián se va a enojar.
Isidora se quedó helada.
—Tal vez no fue intencional, ¿por qué no lo dejamos así?
—¿Todavía la defiendes? ¿Ya olvidaste cómo te ha tratado últimamente? Moni, en esta vida no se puede ser tan buena gente.
Al ver que Mónica abogaba por Estrella, la furia de Isidora aumentó. Ignoró a Mónica y llamó a la policía.
…
Mientras tanto, en la residencia de Pico San Cristóbal.
Carmen estaba siendo sometida en el suelo por dos guardaespaldas. Estrella preguntó:
—¿Te llevo directo a la delegación o prefieres confesar primero?
Sentada en el sofá, Estrella emanaba un aura gélida.
Incluso la mirada con la que observaba a la mujer era tan fría que ponía los pelos de punta.
Al escuchar "delegación", Carmen negó con la cabeza, aterrorizada:
—No, no puedo ir a la policía. Si voy, todo se acabó.
—Entonces habla. ¿Quién te ordenó poner el veneno?
Estaba claro que el veneno era para ella.
Menos mal que Marisol mencionó lo de la sopa…
De lo contrario, se la habría tomado, y la que estaría en la ambulancia ahora sería ella.
¡Qué cosas tiene la vida al lado de Alonso!
¿Quién iba a pensar que aquel hombre que pidió su mano con tanta determinación terminaría siendo la causa de que su vida corriera peligro a su lado?
—Esto, esto… —balbuceó Carmen.
—¿No vas a hablar?
El tono de Estrella se volvió más peligroso.
—Señora, yo, yo no puedo decir nada, yo…
Carmen rompió a llorar; era evidente que alguien la había amenazado.
—¿Entonces prefieres ir a la cárcel? —preguntó Estrella entrecerrando los ojos.
Carmen se retorcía de dolor en el suelo.
—¿Ya puedes hablar? —preguntó Estrella.
—Yo, yo misma…
Al escuchar eso, Estrella volvió a mirar al guardaespaldas, quien dio otro paso al frente.
—¡Ahhhh!
El dolor de otro dedo roto hizo gritar a Carmen sin control.
En ese momento, llegó la policía.
Y con ellos, llegó Mariela Echeverría.
Al ver a Carmen en el suelo con el rostro desencajado por el dolor, Mariela señaló a Estrella temblando de rabia.
—Tú… mujer perversa. La familia Echeverría siempre ha tratado bien a los empleados, ¿qué te crees para venir a dártelas de patrona cruel?
Mariela estaba furiosa.
Estrella vio que traía a la policía y su sonrisa se volvió aún más burlona.
—Arréstenla, fue ella quien envenenó a mi hermano. ¡Le puso veneno para forzar el divorcio! Es una víbora. ¡Enciérrenla y fusílenla! —gritaba Mariela histérica.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!