Entrar Via

¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 17

Esa huérfana, debió haber tomado medidas hace mucho.

Antes pensaba en no arruinar la relación con su hijo por culpa de una cualquiera, pero ahora, toda la familia estaba sufriendo por ella.

En ese momento, Isidora deseaba que Estrella se muriera.

Mónica tenía una expresión de dolor: —Mamá, de verdad me duele mucho. ¿Es porque no tengo a mi esposo a mi lado que me hacen esto?

Dijo esas palabras con un tono lleno de agravio y llanto.

Isidora se quedó callada.

Al mencionar a Julián, su rostro se tensó y miró a Mónica con más lástima.

Las lágrimas de Mónica caían una tras otra.

—Seguro es eso. Sin Julián, ya nadie me protege. Mamá, ya no tengo nada.

Isidora abrazó a Mónica.

—Niña tonta, ¿qué dices? Mamá te protege. ¿Cómo que no tienes nada? Tienes a los niños, ¿te olvidaste?

Al escuchar que Mónica empezaba a caer en ese pozo depresivo, Isidora se apresuró a consolarla con paciencia.

Al mismo tiempo, su odio por Estrella creció. Esa mujer malvada... iba a echarla de la familia Echeverría.

Y además, iba a hacer que... ¡lo pagara caro!

***

Por otro lado.

Estrella regresó a su habitación y Alonso entró detrás de ella.

—¿Para qué me sigues? —Estrella volteó a verlo con dureza—. No voy a pedirle disculpas a Mónica.

»Si quieres una disculpa, será como la de hace rato.

Cada palabra de Estrella fue firme y contundente.

Alonso se acercó y la abrazó por la espalda: —Si no te disculpas, no te disculpes.

Estrella se quedó en silencio.

Su corazón dio un vuelco momentáneo.

Pero antes de que pudiera decir algo, Alonso continuó: —Pero, ¿cómo pudiste pegarle? Acaba de dar a luz.

El corazón de Estrella se hundió de nuevo en el abismo.

¿Que cómo pudo pegarle a Mónica? Ja...

—Más te vale que no dejes que se me aparezca, porque si la veo, le pego otra vez.

Ya lo había dicho: esas cachetadas en el hospital eran solo los intereses.

—¡Alonso, ven rápido! Moni está muy alterada y se le abrió la herida del vientre, ¡ven ya!

El volumen del teléfono era alto.

Llegó claramente a los oídos de Estrella.

Ella miró a Alonso con una sonrisa fría.

Alonso, incómodo ante esa mirada, le replicó al teléfono: —Si está alterada, llama al psiquiatra; si se le abrió la herida, llama al cirujano. ¿De qué sirvo yo ahí?

Isidora: —Tú...

Antes de que pudiera decir más, Alonso colgó.

Estrella, al escuchar ese grito hacia el teléfono, mostró una pizca de sorpresa en sus ojos fríos.

Alonso se acercó y la abrazó de nuevo.

—Mi vida, ya no peleemos, ¿sí?

El tono del hombre era conciliador.

Pero ese tono también parecía decirle que estaba cansado, que fuera buena y comprensiva.

Solo la estaba consintiendo para que no siguiera armando líos.

Estrella se apartó fríamente de su abrazo y lo miró con una frialdad nunca antes vista.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!