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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 25

La voz interna que le decía que debía poner en su lugar a Estrella sonaba cada vez más fuerte.

—Cuando te quisiste casar con ella yo no estaba de acuerdo. Crecida en un orfanato, sin una madre que la educara... ¿qué clase de educación puede tener alguien así? No debí permitirlo...

—Si hubieras dedicado a ella el uno por ciento de la atención que le pones a Mónica, estoy seguro de que también te parecería muy educada —interrumpió Alonso.

—Tú... ¿qué estás diciendo? Oye, te estoy hablando...

Alonso no quiso decir más y se dio la media vuelta para irse.

—¿Insinúas que prefiero a Moni? Alonso, malagradecido, si no le hubiera puesto atención, ¿no viste cuántos médicos le busqué estos dos años que no se podía embarazar?

Al escuchar sobre esos médicos, Alonso sintió un escalofrío en la espalda.

Isidora, al ver que se iba sin mirar atrás, pataleó del coraje.

Regresó a la habitación y vio que Mónica, que dormía plácidamente, tenía los ojos abiertos.

Isidora se acercó:

—Moni, ¿te despertaste? Duerme otro ratito, el doctor dijo que necesitas descansar mucho.

Mónica extendió la mano y agarró su ropa:

—Mamá, ¿Julián se fue otra vez?

Isidora no supo qué decir.

Ver que realmente confundía a Alonso con Julián le partió el corazón:

—Primero duérmete, ¿sí?

—Mamá, ¿podrías llamar a Julián y decirle que no trabaje tanto? Estoy en la cuarentena, dile que me acompañe más tiempo, ¿por favor?

—Está bien, tú duerme, ahorita le llamo a Julián, sé buena.

Isidora le acomodó las cobijas con cuidado.

—Gracias, mamá —asintió Mónica dócilmente.

Esbozó una sonrisa, pero bajo esa leve sonrisa, Isidora no notó la profunda satisfacción que ocultaba.

***

Alonso sentía una frustración inmensa.

Después de salir de la habitación de Mónica, no fue a ver a Estrella; se fue directo al bar La Hora Azul.

Se sentó.

Alonso se empinó varias copas seguidas, pero la irritación en su pecho no se apagaba.

Renato Ibáñez y Daniel Álvarez intercambiaron miradas instintivamente.

Al instante, se escuchó la burla de Daniel:

—¿Se te armó la gorda en casa y no puedes apagar el fuego?

Al escuchar esto, el rostro de Alonso se tensó primero.

Luego, más irritado, se sirvió otras copas.

Capítulo 25 1

Capítulo 25 2

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