—Mamá, ¿qué estás diciendo? —exclamó Mariela—. ¿Estrella te pegó? ¿Se volvió loca? ¡Al final de cuentas sigues siendo su suegra!
Mariela no podía creerlo. Siempre habían pensado que Estrella no tenía clase, pero de ahí a llegar a ese extremo…
—Mamá, ¿de verdad fue ella? —preguntó Mónica, igual de atónita.
—¿Quién más? ¿Quién más en Nueva Cartavia se atrevería a faltarme al respeto así? —respondió Isidora con rabia.
Durante años, todos en Nueva Cartavia la habían tratado con reverencia. Pero Estrella… desde que entró a la familia Echeverría, siempre había sido un problema. ¡Y hoy se había atrevido a golpearla!
Mariela saltó de coraje.
—¡Es el colmo! Se atrevió a pegarle a una persona mayor. ¿Y Alonso? ¿No la puso en su lugar?
Para Mariela, después de algo tan grave, Alonso no podía perdonarla.
Sin embargo, al mencionar a Alonso, Isidora se puso lívida de furia. Mónica guardó silencio, mirando a Mariela y luego a Isidora. La expresión de su suegra lo decía todo: Alonso probablemente estaba protegiendo a Estrella otra vez. Llevaba medio año así. No importaba de qué acusaran a Estrella, Alonso la defendía incondicionalmente.
¿Pero esta vez sería igual? Su hija había muerto e Isidora había sido golpeada.
Al ver que Isidora no decía nada, Mariela adivinó lo sucedido y se enfureció aún más.
—¿Alonso también se volvió loco junto con ella? ¿La defiende siempre y ahora también?
Esta vez era diferente. Mariela estaba que echaba humo y su voz subía de tono:
—Divorcio. Tienen que divorciarse, sí o sí. Y no solo eso, esa mujer tiene que ir a la cárcel.
Con un bebé muerto de por medio, no creía que Estrella pudiera salir ilesa como antes. Esta vez, ni siquiera Marcelo podría salvarla.
—Señorita.
—¡Que nuestra gente borre cualquier rastro! —dijo Mónica con una mirada perversa.
Había montado un escenario enorme, sacrificando incluso a su pobre hija; no podía permitir que Estrella siguiera en la familia Echeverría. Aunque su hija ya tenía mala salud de nacimiento, al morir, debía hacer que su muerte valiera la pena.
—Descuide, ya di la orden. La policía no encontrará nada —aseguró Sandra.
Al escuchar eso, Mónica se sintió un poco mejor y asintió.
—Perfecto.
¡Estrella! Esta vez tenía que largarse de la familia Echeverría, y preferiblemente pasar el resto de su vida en la cárcel. Si se atrevía a seguir enredada con Alonso, Mónica estaba dispuesta a acabar con ella de verdad.

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