—¡Acuérdate de levantarte temprano mañana! Eduardo pasará a buscarte —le gritó Marcelo.
—Piérdete, no iré al Mar Negro —respondió Estrella.
Cualquiera que hubiera oído hablar del Mar Negro sabía lo peligroso que era.
Y Marcelo pretendía arrastrarla hasta allá.
Sin darle tiempo a responder, Estrella subió rápidamente.
Al verla alejarse con esa actitud tan fría, Marcelo suspiró, frustrado.
Al salir de la propiedad de los Harrington, se cruzó con un hombre.
Seymour…
¡Seymour! El rostro le resultaba familiar a Marcelo, aunque no lograba ubicar de dónde lo conocía.
Pero estaba seguro de que no pertenecía a la familia Harrington.
Si fuera uno de ellos, no le causaría esa extraña sensación de familiaridad lejana; simplemente lo reconocería.
Sin darle muchas vueltas al asunto, subió a su auto.
En cuanto Marcelo se marchó, Seymour sacó su celular y llamó a Alonso.
Del otro lado, contestaron al instante:
—Habla.
—El señor Castañeda planea llevar a la señora al Mar Negro.
—¿Qué dices?
Al escuchar la noticia, la voz de Alonso subió una octava de pura rabia.
¡Parecía a punto de estallar!
—¿Qué demonios pretende?
—Acaba de venir a buscar a la señora por el asunto de Mónica Galindo.
—¿Le fue a reclamar? —preguntó Alonso.
¡Ojalá lo hubiera hecho!
Un reclamo solo enfriaría más su relación, justo lo que Alonso deseaba.
—No le reclamó nada en realidad —explicó Seymour—, solo le dijo que se la iba a llevar al Mar Negro.
Todavía no habían discutido por lo de Mónica.
Pero que Marcelo quisiera llevársela al Mar Negro, justo en este momento, era sumamente sospechoso.
—Mónica está muerta, y ahora te la quieres llevar al Mar Negro. ¡¿Qué demonios significa esto?!
Mencionar a Mónica hacía que Alonso apretara los dientes de furia.
No quería que ese nombre siguiera contaminando el mundo de Estrella.
En el pasado, él mismo le había roto el corazón a Estrella por culpa de Mónica.
Y ahora, quería que Mónica desapareciera por completo.
No solo que estuviera muerta…
Sino que dejara de influir en la vida de Estrella para siempre.
Pero apenas la mujer cerró los ojos para siempre, Marcelo quería llevarse a Estrella al Mar Negro. ¿Qué pretendía?
¿Acaso Mónica seguía siendo alguien importante en la vida de Marcelo?
¿Ahora que Mónica estaba muerta, pretendía vengarse?
—¿Y yo por qué tengo que darte explicaciones? —respondió Marcelo—. ¿Crees que tienes derecho a pedírmelas?
—¡Y decías que esa mujer no era tu debilidad! Y ahora que acaba de morir, te quieres llevar a Estrella al Mar Negro.
La voz de Alonso destilaba sarcasmo puro.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...