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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 301

Esa gente de corazón podrido, en el fondo, sabía perfectamente cuántas cochinadas había hecho.

¡Cualquier cosita los ponía nerviosos!

Alonso Echeverría preguntó: —Solo quiero saber qué demonios planeas hacer.

—Si tan inquieto estás, ¿por qué no nos divorciamos?

Al escuchar a Estrella Robles decir «divorcio» con tanta indiferencia, las emociones de Alonso se alteraron todavía más.

¿Por qué podía hablar de separarse con tanta facilidad?

Esos sentimientos que tenían antes, ¿acaso no significaban nada?

—Estrella, ¿qué soy para ti? ¿Qué es nuestro matrimonio para ti?

En ese momento, el tono de Alonso por teléfono sonaba casi al borde del colapso.

Estrella respondió: —Entonces, ¿qué quieres que haga? Si digo que no me divorcio, ¡me preguntas qué planeo! Y si digo que me divorcio, ¡me preguntas qué significa el matrimonio para mí! ¿Entonces yo qué soy para ti?

Alonso se quedó callado.

El silencio se apoderó de la línea telefónica.

Alonso se pellizcó el entrecejo, que le palpitaba de dolor: —¿Dónde estás? Voy por ti para llevarte a casa.

Al escuchar la palabra «casa», Estrella soltó una carcajada llena de sarcasmo.

Aquel día que la corrió, su actitud había sido tan fría.

Como era de esperarse…

Así eran las cosas cuando no eras de su misma clase social.

—¿Recuerdas cómo me miraste el día que me pediste que me largara?

Alonso insistió: —¿Dónde estás exactamente?

En ese momento, Alonso no quería discutir tanto por teléfono con Estrella. Ya que ella había aceptado no divorciarse, lo correcto era que regresara a casa.

Su respuesta fue que Estrella le colgara el teléfono en la cara.

Al escuchar el tono de desconexión, ¡Alonso sintió que le iba a estallar una vena del coraje!

***

Por su parte, Estrella aventó el celular sobre la mesa y vio que Violeta Pizarro se había sentado a su lado sin que se diera cuenta.

Estrella se quedó atónita un segundo.

Le preguntó a Violeta: —¿A qué hora llegaste?

Solo pensaban que su madre había muerto por enfermedad y que los vecinos la habían entregado al orfanato.

Si no fuera porque Eliana sabía que ella se había casado con Alonso, esta verdad probablemente habría quedado enterrada para siempre.

Hablando de cómo los Echeverría controlaban todo a su antojo, Violeta soltó una risa fría: —La gente que está en una posición tan alta, ¿cómo no va a tener sus trucos sucios?

Al escuchar esto, Estrella cerró los ojos por un instante.

Violeta continuó: —Siendo así, ¡mientras la familia Echeverría no se desmorone, tú no te divorcies! ¡Haz que la familia Echeverría sea tu campo de batalla!

Exacto, ¡un campo de batalla!

¡Una guerra que destruya el alma y el espíritu de los Echeverría!

Si no aplastaba a toda la familia Echeverría, su paso por esa casa sería una burla para ella misma.

Estrella asintió con un «ajá»: —Eso mismo estoy pensando ahora.

Si hubiera tenido esa idea antes, Violeta seguramente se habría preocupado por ella.

¡Pero ahora era diferente!

Ahora tenía a toda la familia Harrington respaldándola, así que Violeta la apoyaba totalmente para que fuera a poner patas arriba a los Echeverría.

¿Isidora Becerra y Mónica Galindo no estaban deseando que ella y Alonso se divorciaran?

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