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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 332

Al escuchar esas palabras tan desconsideradas de Alonso, Isidora se indignó aún más. Sentía que ese no podía ser su hijo.

¿Qué estaba haciendo? ¿Insinuando que ella había maltratado a Estrella en el pasado?

Eso era historia antigua…

¿Qué importaba eso ahora?

Isidora apretó los dientes.

—¿Acaso crees que ella está aquí para servirme?

¡Semejante «servicio» no lo podría soportar nadie!

Para ella, el regreso de Estrella tenía un solo propósito: acabar con ellas.

Esa mujer era perversa. ¿En qué le habían fallado todos esos años para que ahora las tratara así?

¿Solo porque la menospreciaban?

Con ese origen que tenía, hubiera sido un milagro que la respetaran.

Y ahora resultaba que por eso venía a atacarlas. ¡Era para morirse de la rabia!

Alonso no quería seguir discutiendo y soltó una frase cortante:

—Iré por la noche, tengo que colgar.

Realmente no podía salir de la empresa. El Grupo Harrington le estaba metiendo zancadillas cada hora con problemas diferentes.

Alonso sentía que se iba a volver loco con los asuntos de la compañía.

Al escuchar que Alonso no volvería hasta la noche, Isidora estalló:

—¡Si vienes hasta la noche, ya no vas a encontrar a tu madre con vida!

Apenas terminó de hablar, se escuchó el pitido de la llamada finalizada.

Isidora se quedó pasmada mirando el celular.

¿Qué significaba esto…? ¿No le importaban sus amenazas? ¡Y no era solo una amenaza!

Con la locura que traía Estrella, quién sabe en qué momento les haría algo.

¿De verdad creía que estaba bromeando?

Isidora bajó las escaleras hecha una furia para buscar a Estrella, pero no la vio por ningún lado.

Solo quedaba su gente en la cocina y en la sala.

Las cosas que habían tirado desde el piso de arriba por la mañana seguían desparramadas por la sala, nadie las había recogido.

Isidora ya estaba encendida, y ver ese desastre la puso peor.

—¿Por qué nadie ha limpiado la sala?

—Yo… yo lo recojo enseguida —dijo María Pilar nerviosa.

A Isidora le dolían los pulmones del coraje. Se dirigió directamente a la habitación donde antes se quedaba Mariela para buscar a Estrella.

Pero sus guardias estaban custodiando la puerta. Al ver que Isidora se acercaba, los sirvientes le cortaron el paso…

—¡Estrella, sal de ahí ahora mis…! —gritó Isidora fuera de sí.

No pudo terminar la frase. Dos sirvientes la agarraron, le taparon la boca y la arrastraron hasta la escalera.

Solo cuando estuvieron seguros de que sus gritos no despertarían a Estrella, la soltaron.

Isidora no podía creerlo. ¡En su propia casa, siendo tratada de esa manera!

Miró a los dos sirvientes con una furia incontrolable.

—Ustedes… ¿se han vuelto locos o qué? ¿No ven quién es la dueña de esta casa? ¡Este no es lugar para sus salvajadas!

Gritó con todas sus fuerzas.

Pero los dos sirvientes actuaron como si no hubieran oído nada, dieron media vuelta y regresaron a la puerta de la habitación de Estrella.

Asegurándose de que nadie interrumpiera su descanso.

Isidora sentía que la iban a volver loca…

Por primera vez sentía que no podía ganarle a Estrella.

Esa mujer… ¿cómo fue que antes no se dio cuenta de que tenía tantas artimañas?

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