La rabia de Isidora subió de golpe.
—Estoy en mi propia casa, ¿acaso no puedo comer algo? —le gritó Isidora al personal que vigilaba la puerta de la cocina.
Una de las empleadas, una mujer rubia de ojos claros, la miró con severidad:
—Lo siento, nuestra señorita tiene el sueño ligero, comer la despertará.
Isidora se quedó atónita.
¿Estrella tenía el sueño ligero?
¡Qué chiste tan malo!
¿Sueño ligero ella? ¡Ahora mismo, en toda la familia Echeverría, ella era la única que dormía a pierna suelta!
—Entonces, ¿qué se supone que haga si tengo hambre?
Isidora apretó los dientes.
Antes no tenía la costumbre de cenar tarde, pero después de este día, la tortura casi la volvía loca.
La empleada rubia entró a la cocina y sacó una sopa instantánea para Isidora.
Al ver el vaso de fideos, a Isidora se le contrajeron las pupilas:
—¿Qué significa esto?
¡Ella no comía esas porquerías!
—Vaya a comer afuera.
Isidora sintió que iba a desmayarse del coraje.
No solo le daban fideos instantáneos, ¿sino que también la mandaban a comer afuera? ¿A dónde?
¿Acaso querían que comiera en el patio?
—Solo voy a comer algo, ¿cuánto ruido puedo hacer?
—Si sigue discutiendo aquí con nosotros, ¡tendremos que sacarla a discutir afuera!
El mensaje era claro: si seguía haciendo alboroto, les preocupaba despertar a Estrella.
¡Isidora nunca había sufrido tal humillación!
¿Quién se había atrevido a tratarla así antes?
Y ahora... siendo restringida de todas las formas en su propia casa, y encima la echaban a comer afuera.
¡Y comiendo esa basura!
Pero no quería volver por un abrigo, solo quería engullir eso rápido y entrar.
Justo cuando probó el primer bocado...
Daniel y Renato llegaron con Alonso.
Al ver a esos dos, Isidora quiso que se la tragara la tierra; en ese instante, sintió que no tenía dónde esconder la cara de la vergüenza.
Renato y Daniel también se quedaron pasmados al ver la escena.
No podían creer lo que veían sus ojos.
—Señora, usted... —comenzó Daniel.
Isidora soltó una risa forzada, dejó el vaso de fideos y se levantó rápidamente:
—¿Qué hacen aquí?
Su tono era poco natural.
¡Una persona de su estatus no quería que los jóvenes la vieran en semejante estado de decadencia!
En ese momento, Isidora maldijo internamente a Estrella llamándola de todo.
Todo era por su culpa, por sus locuras, que la hacían pasar estas vergüenzas.

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