«Unidos», «familia». Esas palabras saliendo de la boca de Estrella sonaban de lo más irónicas.
¡Isidora se puso blanca como un papel!
Se dio la vuelta y miró a Estrella, casi ahogándose: —¡No, ellos no!
Estrella preguntó: —¿Por qué no?
Hubo un silencio.
—Por tu reacción, ¿acaso la comida tiene algo malo?
Isidora sentía que se le salía el corazón del pecho.
Malcolm ya había mandado gente a llamar a Mariela, Mónica y Alonso.
Isidora temblaba de pánico por la culpa.
—¡No, no tiene nada! Solo pensaba que como se durmieron tarde anoche, deberían dormir más. No importa si no comen, no pasa nada, no pasa nada...
Cuanto más hablaba, más culpable parecía.
Estrella se rio. —¿Cómo que no importa? Llevan dos días sin comer bien, ¿cómo no va a importar?
Isidora se quedó muda.
¿También sabía que no habían comido bien en dos días? Entonces ella...
Isidora respiraba con dificultad.
Miró el desayuno intacto de Estrella. ¡Definitivamente lo sabía!
Del susto, Isidora casi se desploma en el suelo.
Pronto bajaron Mariela, Alonso y Mónica.
Al ver la mesa llena de comida, a Mariela y a Mónica les brillaron los ojos.
Miraron a Estrella sin poder creerlo.
¿Qué le pasó a esta mujer? ¿Recapacitó?
¡Esta mañana hasta mandó preparar un desayuno decente! Ja, ¿entró en razón?
¡Al final, no puede meterse con los Echeverría!
Si las cosas se ponían feas y Marcelo dejaba de apoyarla, no escaparía de sus garras, ¿verdad?
Mariela siguió: —Pero viendo tu buena actitud, tranquila, si Marcelo te deja de ayudar, ¡te prometo que no te trataremos tan mal como tú a nosotras!
Claro, se la cobrarían con creces.
Mónica miró a Estrella, luego a Alonso, y fingió: —Qué bueno que quieras seguir con Alonso y llevar la fiesta en paz.
Estrella respondió: —¡Coman de una vez!
Verles las caras le daba asco.
No tenía ganas de ver ese tipo de expresiones.
El corazón de Isidora latía a mil por hora.
Alonso también se sentó junto a Estrella. Estrella, muy atenta, levantó el tazón de sopa frente a ella y llenó una cuchara.
¡Isidora quiso gritar!
Pero al ver que Estrella ya tenía el tazón en la mano, se tragó las palabras.
Que coma, que coma...
Aunque sea solo un bocado, ese herbicida hará que desee estar muerta.

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