El hospital volvió a llamar. Seguían hablando del niño; lo que el médico le dijo por teléfono hizo que a Mónica se le oprimiera el pecho. Sentía que se iba a volver loca.
Martín no podía hacerse cargo del asunto del niño desde su lado, pero fue tajante al decir que el niño no podía morir, que esa criatura aún era útil. Y Mónica, como madre, naturalmente quería hacerse cargo. ¡Pero no podía! Isidora no podía, nadie en la familia Echeverría podía...
Al final, siguió el consejo de Sandra: ¡humillarse ante Estrella!
Se fue directamente a arrodillarse frente a la puerta de la habitación de Estrella. Las sirvientas que hacían guardia se miraron entre ellas, y una sacó su celular para enviarle un mensaje a Malcolm.
Malcolm subió y vio a Mónica de rodillas, suplicando: —Tú sabes lo doloroso que es perder a un hijo, ¿por qué no puedes tener un poco de compasión por esta madre?
—Sí, soy detestable, pero soy madre. ¿De verdad tienes corazón para ver a una madre impotente por su hijo?
Según el plan de Martín, ese niño era importante. Así que pasara lo que pasara, no podía permitir que le ocurriera nada malo.
Mónica estaba suplicando. Estaba pidiendo una oportunidad para estar al lado de su hijo. ¡No le importaba el bloqueo que Estrella tenía contra los Echeverría! Solo quería obtener un trato especial de su parte. Una concesión para una madre.
Malcolm entrecerró los ojos y le envió un mensaje a Estrella.
El aislamiento acústico de la casa era excelente, así que Estrella no escuchó los gritos de Mónica desde afuera. No fue hasta que vio el video que le envió Malcolm que una sonrisa burlona apareció en sus labios.
Se levantó, caminó hacia la entrada, abrió la puerta y vio a Mónica arrodillada en el pasillo, a poca distancia.
Al ver que Estrella por fin abría, Mónica sintió un ligero alivio: —Te lo ruego.
—¿Me ruegas? Yo más bien diría que me estás haciendo chantaje emocional.
Ella... ¿lo sabía?
¡No, imposible! No podía saber la verdadera causa de muerte. Pero entonces, ¿por qué la miraba así?
En ese instante, Mónica entró en pánico total.
—¿Por qué te callas? —preguntó Estrella con un tono risueño pero lleno de sarcasmo.
Mónica no respondió.
Sus manos, apoyadas en el suelo frío, se fueron cerrando poco a poco hasta formar puños. ¡Estaba aterrorizada! La mirada de Estrella era temible; esos ojos que antes parecían inofensivos, ahora daban la sensación de poder ver a través de todo.

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