Entrar Via

¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 493

¿Acaso a Estrella le falta gente para trabajar?

Gente es justo lo que le sobra… todo este circo es nada más para traerla a raya y hacerla sufrir.

No deja que Sandra le ayude, ¡ni siquiera deja que Sandra comparta su comida!

Lo único que quiere es aplastarla hasta dejarla pegada al piso.

Mónica apretó los puños con tanta rabia que hasta se le blanquearon los nudillos.

—¡Vaya que tiene buenos trucos!

Esos métodos, que parecían poca cosa, eran justo los que más la hacían sufrir.

¡Mónica seguía sin resignarse!

No pensaba doblar las manos tan fácil…

Salió furiosa de donde estaba Sandra y, al regresar al edificio principal, se cruzó con Isidora, que estaba trabajando.

Al ver a Isidora con esa facha de sirvienta, Mónica la miró con profundo desprecio.

En ese momento parecía haber olvidado que, cuando estaba en su cuarentena postparto, todo lo que comió fue gracias al trabajo de Isidora y Mariela.

En ese tiempo, encerrada en su cuarto, no se enteraba de absolutamente nada.

Isidora, al ver a Mónica, ya no mostró la amabilidad ni el cuidado de antes.

—¡Maldita! —le escupió con los ojos desorbitados de odio.

Al escuchar esa palabra, el rostro de Mónica se ensombreció de inmediato.

—¿Por qué me gritas? ¡Si tuvieras algo de capacidad, habrías controlado a Estrella!

Pensar que ahora todas estaban sometidas por Estrella…

Antes, las tres parecían inseparables y se apoyaban mutuamente. Ahora, por culpa de Estrella, se habían vuelto enemigas.

La mirada que Isidora le dirigía a Mónica ya no tenía nada de suegra cariñosa. ¡La miraba como a una enemiga mortal!

—Yo no tengo capacidad, ¡claro que no! ¡Ni siquiera tuve la capacidad de ver tu verdadera cara de víbora! —gritó Isidora.

Tener o no tener «capacidad» ya le daba igual a Isidora.

Lo que más le enfurecía ahora era no haber visto antes la verdadera naturaleza de Mónica.

¡La había tratado como a un tesoro!

Ahora se arrepentía de verdad…

Si hubiera sabido que Estrella tenía este poder, jamás habría dejado que entrara en la familia, aunque hubiera tenido que morirse frente a Alonso para impedirlo.

Mónica agarró las manos de Isidora.

—¡Solo me lo encontré por casualidad y le pedí que me llevara al hospital!

Al escuchar eso, Isidora apretó más fuerte.

—¿Crees que a estas alturas me voy a creer tus cuentos chinos? ¡Delante de Estrella admitiste que fuiste tú quien la incriminó esta vez!

Isidora no le creía nada.

—¡Ella me obligó, ¿no lo viste?! Olvídalo, ¡cree lo que quieras!

Como Isidora no tenía mucha fuerza, Mónica la empujó y se soltó.

Isidora cayó a un lado, mirando a Mónica con odio puro.

Estaba claro: ya no confiaba en ella.

Y a Mónica le daba igual si le creía o no; con que Alonso le creyera era suficiente. En cuanto a Isidora y las demás, su opinión le tenía sin cuidado.

Sin querer seguir discutiendo, se dio la vuelta para irse a su cuarto.

Isidora, al ver hacia dónde iba, soltó una risa burlona.

—Ahora nadie va a trabajar por ti. ¿Planeas pasar hambre también en la noche?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!