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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 499

A la hora de la merienda.

Estrella estaba tomando un té de frutas bien caliente cuando Malcolm entró con una pila de documentos para firmar.

—Yolanda acaba de llamar —le comentó Estrella.

—¿Qué dijo?

—¡Por fin se dio cuenta de que sus problemas en Inglaterra tienen que ver conmigo!

Antes, Yolanda pensaba que lo peor que Estrella podía hacer era quemar un par de casas. Nunca imaginó que su influencia llegara tan lejos.

Les había hecho pedazos los negocios hasta dejarlos como un cascarón.

Todo este tiempo, Yolanda se había enfocado en resolver la fuente del conflicto en Inglaterra, ignorando que el origen de todo era la alianza entre Estrella y Marcelo.

O mejor dicho…

Simplemente no tomó en serio a Estrella. Para ella, Estrella solo podía hacer berrinches locales en Nueva Cartavia.

Y Marcelo, aunque tenía cooperación con el Grupo Harrington en Inglaterra y algunas propiedades, no debería tener el poder para influir en decisiones políticas de alto nivel.

Pero esta vez, Yolanda tuvo que tragarse sus palabras.

¡Había subestimado a Estrella!

Mientras ella se volvía loca tratando de apagar fuegos, Estrella seguía echándole leña desde Nueva Cartavia.

Malcolm asintió: —Debe estar pasándola muy mal por dentro.

—¿Mal? Todavía tiene fuerzas para enseñar los colmillos, sigue igual de arrogante.

De tal palo, tal astilla; la arrogancia de Mónica era idéntica a la de su madre.

—Si es así, es que aún no asimila que usted tiene tal influencia. Cuando le caiga el veinte, entonces sí sufrirá —dijo Malcolm.

La sonrisa de Estrella se amplió.

—Tienes razón. Cuando lo asimile, sufrirá de verdad.

Y el sufrimiento de Yolanda sería mucho mayor que el de Isidora o Mónica.

Porque Yolanda dependía enteramente de sí misma. Ella había construido esos negocios desde cero con sus métodos sucios. Verlo todo colapsar sería devastador.

—Dos días no es nada. En el hospital se pasaba días sin probar bocado.

Aunque claro, entre berrinche y berrinche, seguramente comía algo a escondidas.

—Esta vez no ha probado ni agua, es diferente a comer a escondidas —dijo Malcolm.

Al oír «comer a escondidas», Estrella rio de nuevo.

Malcolm tenía razón. Mónica se la pasaba haciendo show frente a todos, jurando que no tenía hambre del puro dolor, y en cuanto se iban se atascaba a escondidas.

—¿Qué está haciendo?

—¡Limpieza de los corrales de mascotas!

Estrella se sorprendió.

¡Limpiar los corrales! Vaya trabajito.

Los Echeverría amaban tener mascotas: gatos, perros, loros, de todo.

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