Marcelo no le contestó a Estrella cómo se había enterado.
Simplemente tomó un trozo de pichón asado y lo colocó en el plato de ella.
—Durante este tiempo de recuperación, la comida ha sido muy desabrida, ¿verdad?
Estrella asintió.
—Sí, todo ha sido demasiado ligero.
Aunque todo era nutritivo para su recuperación y el sabor era aceptable, la realidad es que no se ajustaba a su paladar. Solo pensaba en recuperarse pronto para poder salir y darse un buen atracón de lo que le gustaba.
La piel del pichón estaba crujiente, justo como le gustaba.
—Alonso ya sabe lo de Mónica y Martín, ¿estabas al tanto?
Estrella asintió de nuevo.
—Me enteré anoche. Cuando él regresó a la residencia Echeverría, vio justo el momento en que Mónica se subía al coche de Martín.
—¿Y qué pasó después? —preguntó Marcelo mientras le servía sopa.
Al escuchar la pregunta sobre lo que sucedió «después», la mano de Estrella se detuvo un instante.
—Después, él decidió que yo fui la que obligó a Mónica a subirse al auto de Martín.
Marcelo se quedó sin palabras por un momento. La expresión se le endureció de golpe, dejando claro lo mucho que le disgustaba lo que hacía Alonso.
—No sé qué clase de lógica tiene en la cabeza. Cree que obligué a Mónica, pero ni siquiera se detiene a pensar para qué la obligaría. ¿Para que se vaya a vender o qué?
Era increíble... Realmente admiraba la retorcida lógica de Alonso.
Seguro Mónica le dijo algo o, con lo buena actriz que es, le insinuó cosas para que él solito entendiera todo al revés. Y vaya que lo malinterpretó.
Solo Dios sabe qué novela se montó Alonso en la cabeza.
Al oírla decir «irse a vender», Marcelo se quedó un segundo pasmado y luego soltó una carcajada baja. De repente le pareció que esa niña, cuando se enojaba, tenía una forma de hablar bastante adorable.
—Hay algo más ridículo todavía —continuó Estrella—. ¡Llegó a sospechar que tú me habías vendido a Brandon Hill!
Marcelo soltó una carcajada, sin poder contenerse.
—Tu relación con él debe terminar.
Cuando dijo «terminar», la voz de Marcelo se volvió mucho más seria.
Estrella miró instintivamente a Marcelo. Pudo ver claramente en sus ojos el disgusto que le causaba que ella mantuviera su matrimonio con Alonso.
Estrella tragó el bocado y suspiró.
—Terminaré con él, pero lo mío con...
—Con eso basta —la interrumpió Marcelo antes de que pudiera terminar la frase.
Estrella se quedó callada, sin saber qué replicar.
—Esta sopa está buena, toma un poco más —insistió él.
—Ya no quiero sopa —dijo Estrella negando con la cabeza.
Había tomado demasiados caldos y sopas últimamente. Su cuerpo ya estaba bastante recuperado y ahora solo quería comer cosas sólidas que le gustaran, no más líquidos.

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