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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 511

Abajo todavía se podía sentir un poco de calor, pero cuanto más subía Mónica las escaleras, más frío sentía. Al acercarse a las habitaciones, la temperatura descendía drásticamente.

¡Quién sabe cuándo diablos cortaron la calefacción!

Ahora Mónica sentía un frío de verdad, de esos que se te meten hasta los huesos.

—Ella nos está empujando hasta la muerte —dijo Mónica, sintiendo que se quedaba sin aire.

—Lo que quiere es que la vida sea peor que la muerte —respondió Sandra.

Antes, en la familia Echeverría todos se esmeraban en amargarle la vida a Estrella. La hicieron perder a su hijo, no la dejaron tener un solo día en paz. Ahora la historia se había volteado.

¡Las que deseaban estar muertas eran ellas!

Mónica se acercó y pellizcó el edredón de Sandra.

—¿Tienes frío con esto tan grueso?

La cobija de Sandra no era delgada. Aun así, la mujer temblaba visiblemente.

—El colchón es muy delgado, no calienta nada —explicó Sandra.

Antes pensaba que con la calefacción encendida no necesitaba tantas capas abajo, pero quién iba a imaginar que Estrella les saldría con esta jugada repentina.

—¿No hay más cobijas? —preguntó Mónica.

Mientras hablaba, se apresuró a revisar el armario. Recordaba que las cobijas de repuesto de cada habitación se guardaban en la parte más alta del ropero. Justo cuando iba a buscar un banco para subirse a mirar, Sandra la detuvo.

—Ya revisé. Se lo llevaron todo.

A Mónica se le hizo un nudo en el estómago.

Al escuchar eso, sintió que se le helaba la sangre.

¡Se lo habían llevado todo! Vaya, Estrella sí que era cruel… ¿Qué era esto ahora, si no torturarlas día y noche? ¿De verdad no las iba a dejar descansar ni siquiera en la madrugada?

Mónica respiró hondo.

«De verdad quiere que acabemos deseando estar muertas».

Pero Mónica respondió con frialdad:

—No es necesario, cada quien duerme en lo suyo.

El desprecio en su voz era imposible de disimular. Dicho esto, no volvió a mirar a Sandra, se dio la vuelta y salió de la habitación.

Abajo se escuchaba un alboroto. Eran las voces de Isidora, de Alonso... y la de ese inglés que siempre seguía a Estrella.

Al llegar a la escalera, Mónica escuchó a Isidora gritándole a Malcolm:

—¡Es el colmo! ¿Vieron la nevada que está cayendo afuera? Hay medio metro de nieve, ¡y se atreven a cortarnos la calefacción y el agua! ¿Nos quieren matar de frío o qué?

Mariela estaba sentada en el sofá y Alonso tenía la cara negra de coraje, con un cigarro apretado entre los dedos. Evidentemente, la habitación de Alonso, al igual que la de Isidora y las demás, se había quedado sin calefacción y sin agua.

Ni modo de negarlo: ¡Estrella sabía cómo joderlos!

Para gente acostumbrada a la comodidad, que ella cortara repentinamente los servicios básicos en este invierno helado no se diferenciaba mucho de quitarles el aire para respirar.

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