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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 567

Mónica también estaba a punto de volverse loca.

Yolanda, con sus cuentas congeladas en Inglaterra, no paraba de llamarla para presionarla.

Le exigía que resolviera los conflictos con Estrella a como diera lugar.

Pero se le olvidaba algo.

Olvidaba cómo había estado echando leña al fuego frente a Mónica, y Mónica siempre la obedecía.

Siempre que Yolanda encendía la mecha, Mónica se aseguraba de que el fuego quemara a Estrella.

Ahora que el fuego se había vuelto en su contra y la estaba quemando a ella, no lo soportaba.

Y mandaba a Mónica a apagarlo.

¿Pero acaso se podía apagar ese incendio?

En su momento, ellas desearon que las llamas ardieran con fuerza; por lo tanto, la Estrella de ahora naturalmente dejaría que el fuego ardiera hasta calcinarlo todo.

Detenerse no era una opción...

—Busca a Alonso, piensa en alguna forma de que él lo solucione —dijo Yolanda por teléfono con tono desagradable.

Necesitaba grandes sumas de dinero a diario para resolver sus problemas.

Justo en ese momento crítico donde el dinero era vital, Estrella le salía con esa jugada. ¿Realmente quería orillarla a la muerte?

—Él ni siquiera puede arreglar sus propios asuntos con Estrella, ¿cómo va a ayudarme a mí? —respondió Mónica.

—¿Entonces qué propones? Hoy tengo que gastar mucho dinero, tengo que invitar a cenar a esa gente. Me han bloqueado las cuentas, ¿qué se supone que haga? —gritó Yolanda a través del teléfono.

Antes, cuando Mónica le contaba que Estrella estaba haciendo estas cosas, a Yolanda le parecían tácticas infantiles.

Pensaba que Estrella no era para tanto.

¿Y ahora?

Ahora ya no pensaba lo mismo.

¿Tácticas infantiles? Esas tácticas infantiles estaban a punto de volver loca a cualquiera.

—Yo...

—Te lo advierto, si no arreglas esto, no podré solucionar mis asuntos en Inglaterra. ¿Acaso quieres que la familia Galindo se hunda por completo?

Mónica: «...»

No, la familia Galindo no podía hundirse.

¿Pero qué podía hacer ella?

Madre e hija siguieron hablando un buen rato, todo se resumía a Yolanda exigiendo que Mónica arreglara la situación.

¡Su madre la presionaba!

Y ahora Martín también le armaba un escándalo.

La verdadera cara de Martín, ahora que se habían quitado las máscaras, era realmente desagradable... En ese momento, ella finalmente se dio cuenta: ¿qué clase de basura había elegido?

Comparado con Julián, ¿qué era Martín?

—¡Sí, estoy satisfecha! Martín, no olvides que si los Cáceres tienen lo que tienen hoy en Nueva Cartavia, es gracias a mí, Mónica. ¿Qué derecho tienes a gritarme?

—Soy el padre de tu hijo, ¿dices que qué derecho tengo?

Mónica: «...»

Al escuchar a Martín mencionar al niño, sintió una asfixia que le robó las fuerzas nuevamente.

El niño... sí, todavía estaba ese niño en el hospital...

Pensar en el niño le oprimía el pecho de una forma insoportable.

—¡Piensa rápido en una solución, haz que Alonso lo arregle!

Mónica: «...»

Al escuchar el tono imperativo de Martín, Mónica cerró los ojos y, finalmente, llena de rabia, colgó el teléfono.

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