—Ya lo había dicho, ¿no? Si no les agrada, no tengan contacto a solas con ella, hagan de cuenta que no tienen esa nuera.
¡Y si no podían tragarse ese coraje, que hicieran de cuenta que no tenían hijo tampoco! De todos modos, a él, Alonso, ¡ya le daba igual todo!
Al escuchar esto, Isidora sintió que se le nublaba la vista del coraje otra vez: —No quiero hacer de cuenta, quiero que deje de ser mi nuera.
—¿Sabes en qué lío se metió ahora? Quemó la mansión de la mamá de Mónica, e incluso mandó gente a destrozar dos villas en los suburbios del este.
—Dime, ¿qué es lo que pretende? ¡Cómo es posible que la familia Echeverría haya producido una cosa como ella!
—La relación entre la familia Echeverría y la familia Galindo ha sido buena por tantos años. ¿Y ahora qué? ¿Por casarte con semejante joyita vas a dejar que arruine a los Echeverría?
Isidora venía todo el camino atragantada con este fuego, casi muerta de rabia. Ahora, al ver a Alonso, su ira no bajaba, era imposible de reprimir.
Alonso dio una calada a su cigarro: —¿La familia Echeverría es de papel? Como para que una mujer la destruya.
Isidora: —¡La familia Echeverría no es de papel, pero tampoco aguanta que esa bruja haga y deshaga así!
Al pensar en lo gravemente dañada que estaba la reputación de los Echeverría en estos dos días, Isidora deseaba la muerte de Estrella.
Sin dejar hablar a Alonso, Isidora continuó: —Esa salvaje que ni siquiera sabe quiénes son sus padres, se nota que no tiene educación.
—Aunque, viendo su naturaleza, incluso si hubiera tenido padres que la educaran, no habría tenido buena crianza.
Isidora, cegada por la ira, deseaba recordarle su madre a ella y a todos sus antepasados.
Alonso: —¡Basta!
Al escuchar los excesos en las palabras de Isidora, el rostro de Alonso se oscureció.
Isidora: —¿Basta qué? ¿Acaso dije alguna mentira? Viendo ese carácter suyo, tiene problemas desde los genes.
En ese momento, Isidora ni siquiera encontraba las palabras adecuadas para insultarla. Temblaba de rabia y miraba a Estrella con ojos que escupían fuego.
Estrella se cruzó de brazos: —¿A ver si así se te limpia esa boca?
Isidora estuvo a punto de desmayarse del coraje.
Por suerte, Mariela, que estaba detrás de ella, la sostuvo. En ese momento, al ver cómo trataban a su propia madre, Mariela también miró a Estrella furiosa: —Maldita, te pasaste de la raya.
—¡Pum! —«¡Ah!».
Apenas Mariela soltó el insulto, algo voló hacia ella y le golpeó directamente en la boca. Por instinto se cubrió la cara del dolor.
Sin embargo, sintió algo húmedo...
Sangre...

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