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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 852

Ese profundo mutismo bastó para hundir el corazón de Violeta hasta lo más bajo.

Si así iban a estar las cosas, ¿qué caso tenía seguir desgastándose con él?

—¡Ya van dos veces, caray! —reclamó Violeta, con un nudo en la garganta.

En un lapso de menos de tres días, la había abandonado por atender los dramas de Adara un par de veces.

¡Dos fugas en tan poco tiempo, y por la misma persona!

¿Qué la esperaba en todo el futuro por delante?

—No pienso acabar como Estrella, ahogada en el lodo de la gente nefasta de tu entorno.

Y lo soltó palabra por palabra, con la calma de quien ya no esperaba nada.

Si su familia quería arrastrarlo, que lo arrastraran, ¡a ella le daba exactamente lo mismo mientras no la metieran en su circo!

—Es que se le infectó la herida, le aplicaron los medicamentos equivocados y tuvo repercusiones en un órgano...

—¿De verdad crees que las razones valen de algo?

Ni siquiera lo dejó terminar, pues cortó en seco la excusa de Renato.

Todo su teatrito giraba alrededor de Adara, las excusas ya le resultaban estériles.

—¡Tú fuiste quien la lastimó! —reprochó él.

Ver que reaccionaba con tal grado de apatía ante el padecimiento de Adara, y peor aún al conocer lo delicado del asunto médico, lo llenó de impotencia.

Por lo que le contestó con más frialdad.

Renato siempre consideró que Violeta era un poco impulsiva, pero sabía que poseía un corazón noble.

No obstante, lo que estaba demostrando ahora...

—¡Renato, eres un hijo de la chingada!

Después de corroborar que él seguía culpándola del accidente, Violeta entendió que cruzar palabra con él era inútil.

Renato se quedó petrificado.

Aún intentaba articular una palabra cuando Violeta le colgó sin ningún tipo de miramiento.

Parado a la mitad del pasillo del hospital, a Renato le ardía la sangre, ¡al grado de querer lanzar el celular a la pared!

Palmira seguía firme a su lado.

Y, notando lo rabioso que estaba su hijo, no desperdició el momento de meter cizaña:

—Mírala nomás, esa es la tipeja en la que te fijaste; cruel y con un egoísmo del tamaño del mundo.

—Y con lo delicada que está Adara por su culpa... no solo no da la cara para disculparse, ¡sino que hasta te arma escándalos por venir a apoyarla!

—¿Puedes callarte de una maldita vez? —espetó, al límite de la frustración.

Todo lo que le soltaba Palmira en ese instante solo provocaba que las cosas empeoraran.

Capítulo 852 1

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