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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 1136

Cuando caí, Mateo me sostuvo a tiempo.

En el último instante antes de perder la conciencia, escuché cómo me hablaba con desesperación.

Luego, me encontré en un sueño.

Un sueño largo, lleno de colores.

Recuerdo un campo enorme de flores, bajo un cielo azul brillante, tan bonito que parecía sacado de un cuento de hadas.

La luz dorada de primavera bañaba los pétalos; parecía como si todo tuviera miel encima.

El viento suave transportaba la fragancia dulce de las flores.

Valerie llevaba un vestido de novia blanco. Caminaba descalza sobre el césped húmedo y el borde del vestido ondeaba como las alas de una mariposa.

Alan la abrazaba por la cintura desde atrás y le susurraba palabras de amor al oído.

Valerie se sonrojaba y su sonrisa radiante se reflejaba en la camisa blanca de Alan.

Detrás de ellos, el mar de flores era una explosión de colores.

Parecía un cuadro de Monet.

De repente, Valerie me hizo señas con la mano.

—Aurorita, vengan, tomemos una foto los cuatro juntos.

Mateo me sonrió con cariño y me tomó de la mano para caminar hacia ellos, cuando, de la nada, el cielo se volvió gris.

Un viento feroz barrió todo y en un abrir y cerrar de ojos las flores empezaron a marchitarse.

El aire, antes perfumado, se volvió denso, con un olor a sangre que erizaba la piel.

Entre el vendaval, Alan desapareció y solo quedó Valerie, parada, sola, en medio de la nada.

Quise correr a abrazarla, pero por más que trataba no lograba acercarme a ella.

Entonces, despojada de toda esperanza, ella me sonrió.

—Aurorita, no dejes de buscar la felicidad —me dijo.

De repente, empezó a caer un diluvio, como si el cielo llorara.

Pero el cuerpo de Valerie no se empapaba de agua, sino de sangre.

—¡Valerie! —grité su nombre una y otra vez.

De la nada, un huracán apareció y se la llevó.

Ella se alejaba más y más hasta desaparecer.

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