Mateo me secó las lágrimas y dijo en voz baja:
—Lo llamé, pero no responde. Luego mandamos a alguien a buscarlo y lo encontraron en un bar, borracho. No sabe nada de lo que pasó después de la fiesta.
Me senté en una silla y me cubrí la cara con las manos.
El recuerdo de Valerie volando en el aire y cayendo al piso no paraba de repetirse en mi cabeza.
Un dolor agónico me devoraba.
Todo parecía encarrilado: ella y Alan iban a casarse y por fin, tanto ellos como Mateo y yo íbamos a ser felices.
¿Por qué pasó esto?
Me eché la culpa, aunque doliera. Sabía que Camila podía preparar algo en la cena de cierre y aun así no pude proteger a Valerie. Vi cómo todo se salió de control y no pude hacer nada.
Me sentía una inútil, incapaz de proteger lo que más quiero.
Mateo me apretó contra su pecho y murmuró:
—Aurora, no pienses así. Valerie va a salir adelante.
Me hundí en sus brazos y me eché a llorar sin consuelo.
En ese momento llegó Asher.
Saludó con respeto a Mateo y dijo:
—Los periodistas y los fans ya fueron dispersados. Tenemos gente vigilando alrededor del hospital, no debería entrar nadie más.
Mateo asintió.
—¿Pudieron contener todo lo de esta noche?
—Sí —dijo Asher—. Todo está bajo control, también borramos las fotos y los comentarios de internet.
Mateo asintió un poco, sin decir más.
Asher me miró, con un nudo en la garganta. Yo le pregunté:
—¿Qué pasa?
—Carlos está afuera del hospital —respondió, tenso—. Dice que quiere ver a Valerie.
Cuando oí el nombre de Carlos me invadió una tormenta de rabia.

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