Mateo se puso serio y respondió con indiferencia.
—El señor Dupuis debe estar bromeando. Nuestro matrimonio es completamente feliz. ¿Por qué nos divorciaríamos?
Waylon no contestó, solo repitió “matrimonio feliz” con un tono ambiguo.
Después de un momento se rio. No sé si me lo imaginé, pero me pareció notar confusión en su mirada.
Mientras comíamos, ninguno mencionó a Alan. En realidad, yo quería preguntarle qué tendría que hacer para que lo dejara en paz, pero me daba miedo empeorar las cosas.
Cuando salimos del restaurante, Waylon seguía cordial y agradeció a Mateo por la invitación. Antes de irse, me miró fijamente, con tanta intensidad que un escalofrío me recorrió.
Mateo lo siguió con la mirada hasta que el auto desapareció. Lo miré, inquieta.
—¿Qué crees que vino a hacer Waylon a Ruitalia?
Mateo me tomó de la mano y me llevó al auto. Después de abrocharme el cinturón, sonrió.
—No te preocupes. Si él está aquí, el asunto de Alan va a ser más fácil de resolver. Al menos puedo hablar con él cara a cara.
—Entonces, ¿por qué no le mencionaste nada?
Mateo se recostó y guardó silencio antes de responder, con voz seria.
—¿No notaste que todo el tiempo estuvo mirándote? Al principio quería usar a Alan para vengarse de mí, pero después de verte hoy cambió de objetivo. Ahora quiere ir por ti.
Le apreté la mano y sonreí.

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